Un viaje del cerebro al pensamiento

Hoy
sabemos más acerca del funcionamiento neuronal para comprender
la
ingeniería de los procesos mentales, pero también de
cómo
el cuerpo, las emociones y la experiencia transforman nuestro
cerebro
y nuestra visión del mundo.
LA
NEUROBIOLOGÍA DE LA CREATIVIDAD
Vale la pena recorrer algunos
de los hitos básicos del conocimiento de la neurociencia para comenzar a
familiarizarnos con esta disciplina que sigue creciendo en investigaciones y
aplicaciones múltiples: la creatividad, el aprendizaje, el marketing, la
economía y otras ciencias humanas.
Hace ya varios años, se
desarrolló el estudio de la función de los dos hemisferios cerebrales y su complementariedad.
El hemisferio izquierdo, que rige los procesos lógicos, y el hemisferio
derecho, fuente del funcionamiento intuitivo. Se estudiaron también las ondas
cerebrales alfa, relacionadas con el soñar, el fantasear y el crear, y las
ondas beta, ligadas al estado de alerta y la acción.
Hoy sabemos, además, que el
cerebro se desarrolla y se mantiene vivo gracias al entrenamiento de la
inteligencia, los vínculos y la interrelación con el medio, y que funciona como
una red de enlaces múltiples y variados.
Si bien queda mucho por contar
y ampliar, a modo de punto de partida el modelo de Pensamiento en Red enfoca su
mirada sobre la conectividad entre los dos hemisferios, el entramado entre los
diferentes tipos de ondas cerebrales, la conectividad neuronal y la conexión
entre las mentes de las personas.
LOS
DOS HEMISFERIOS CEREBRALES
“La
separación de los cerebros debe terminar;
el
soñador y el realizador deben ser el mismo”.
Arnold
Keyserling
El neurólogo suizo Roger
Wolcott Sperry (1913-1994), premio Nobel de Medicina en 1981, estudió en
detalle las funciones y características complementarias de ambos hemisferios
cerebrales: el izquierdo, que rige el pensamiento lógico e instrumental,
relacionado con el lenguaje; y el derecho, el de las emociones, la intuición,
lo relacional y lo visual.
Entre ambos hemisferios se
halla un órgano llamado cuerpo calloso, compuesto por unos doscientos millones
de fibras nerviosas que conectan entre sí a las dos partes del cerebro. Estas
conexiones sirven para integrar  las
habilidades del hemisferio izquierdo con las del  derecho.
Imaginen que se encuentran por
la calle con alguien que conocieron en una reunión: el hemisferio derecho
recuerda su rostro y el izquierdo su nombre. Y, si no estamos demasiado cansados
o disociados, lograremos integrar las dos series de datos a través de las
fibras que conectan ambos hemisferios.
En los equipos creativos de
las agencias de publicidad, se suele trabajar en forma de pareja creativa entre
un director de arte, el art director, y un redactor, el copywriter. Entre ambos integran, respectivamente, lo visual y lo verbal, y,
más allá de la conectividad de cada uno entre sus dos hemisferios, refuerzan la
presencia de las aptitudes que más necesitan.
Estas dos figuras profesionales
se complementan en cada proyecto creativo para generar un aviso, una campaña,
una estrategia global de comunicación.
Algunos investigadores,
además, sostienen que el cerebro de ciertas personas, y en particular el
cerebro de las mujeres y los artistas, tienen mayor conectividad entre uno y
otro lado, facilitando su capacidad para recoger, integrar y analizar tipos
diversos de información.
Desde los comienzos de la
vida, el cerebro se desarrolla a partir de la educación y la experiencia. En la
cultura occidental, los patrones de educación formal tienden a generar un mayor
desarrollo del hemisferio izquierdo, que, al ser dominante, envía órdenes al
hemisferio derecho a través del cuerpo calloso. Lo notable es que la mayoría de
estas órdenes son inhibitorias. Podríamos decir que el hemisferio izquierdo
reprime la imaginación desbordada, frena la sensibilidad excesiva, censura las
ideas extravagantes.
UNA
RED VIVA
“La
experiencia modifica permanentemente las conexiones entre las
neuronas
y los cambios son tanto de orden estructural como funcional.
La
plasticidad demuestra que la red neuronal permanece abierta
al
cambio y a la contingencia, modulable por el acontecimiento y la
experiencia,
que siempre pueden modificar el estado anterior”.
François
Ansermet y Pierre Magistretti
A
cada cual su cerebro
A lo largo de su historia, la
neurología nos señaló que lo más noble del cerebro eran las neuronas, tanto por
la importancia de su función como por la imposibilidad de regenerarse en caso
de que fueran lesionadas.
Esta visión jerárquica del sistema nervioso ha sido
cuestionada por nuevas investigaciones que, en confluencia con las actuales
teorías de  redes, nos revelan la
importancia esencial de las conexiones entre las neuronas.
La información entre neuronas
se envía en forma eléctrica y por señales químicas, que se transmiten a través
de las fibras nerviosas.
Hoy sabemos que las conexiones
pueden perderse, recuperarse, y establecer nuevos circuitos a partir de nuevos links y caminos alternativos, a
través del entrenamiento y de la interacción con otras personas.
El psiquiatra y neurocientista
Antonio Damasio, titular del Instituto del
Cerebro y la Creatividad de la Universidad de
Carolina del Sur, estudia desde hace varios años la integración de los procesos
racionales con los emocionales, los cuales no operarían en circuitos diferentes
sino en forma complementaria.
En el año 1999, los neurólogos
Wolf Singer en Frankfurt y Lago
Fernández en Madrid descubren
que las conexiones neuronales funcionan como redes complejas. Es decir, como vimos
anteriormente, con conexiones ordenadas y otras aleatorias. En términos del
pensamiento, las conexiones ordenadas y secuenciales se corresponderían con el
funcionamiento lineal, y el agregado de las conexiones aleatorias daría lugar
al Pensamiento en Red.
NUEVAS
CONEXIONES
Hoy sabemos que el aprendizaje
mantiene joven el cerebro y vivas las 
redes neuronales; por lo tanto el procesamiento de la información y las experiencias
establecen nuevas conexiones transformando no solo el pensamiento, sino también
la propia estructura del cerebro.
Está científicamente
demostrado que la complejidad de una red se construye. La incorporación de
conocimientos y vivencias incrementa la trama de las conexiones entre neuronas.
Es decir que, a mayor ejercicio de la creatividad y a mayor experiencia, más
poderosa será nuestra red neuronal.
Experiencia es aquello que
incluye cierta configuración de conocimientos previos, puestos a operar en una
situación dada, junto con una disposición a improvisar sobre la marcha. Aplicar
el manual no deja experiencia en el sentido de nuevas conexiones. En todo caso,
solo refuerza lo que ya sabíamos.
En esos casos,
paradójicamente, podría suceder que la fijeza y densidad de las conexiones jugara
en contra de la movilidad, al limitar la libertad y variedad conectiva. El
riesgo es que los conocimientos y la experiencia operen a la manera de
prejuicios; de pensamientos lineales con cursos preestablecidos que limitan y
anudan el pensar en red.
EL
BIG BANG DE LA CONECTIVIDAD
Durante muchos años, los
científicos intentaron evaluar cuánta influencia tenemos de nuestros genes y
cuánta del ambiente. Hoy la preocupación ya no es medir ni discriminar, sino
descubrir cómo interactúan entre sí los factores hereditarios con los ambientales;
la genética con los modelos de crianza y educación.
“No se trata de una
competencia –comenta el doctor Stanley
Greenspan, psiquiatra de la Universidad George
Washington–, sino de una danza. Y si bien la naturaleza es el bailarín
dominante de las fases tempranas del desarrollo, la crianza desempeña un papel
vital”.
De todos los descubrimientos
que han producido los neurocientíficos en los últimos años, los hallazgos
respecto de cómo la actividad del cerebro cambia su estructura física son quizá
los más impresionantes.
Al nacer, el cerebro de un
bebé está formado por 100 mil millones de neuronas, casi la misma cantidad que
hay de estrellas en la Vía Láctea.
Poco después del nacimiento,
el cerebro, en un Big
Bang
de
exuberancia, produce millones de conexiones entre las neuronas. Poco a poco,
irá eliminando aquellas conexiones que no han sido utilizadas.
Este proceso de poda se inicia
alrededor de los diez años, y va definiendo la forma del cerebro y los modelos
de emociones y pensamiento, únicos para cada persona.
El neurocientífico William
Greenough, de la Universidad de Illinois afirma: “Es la sobreproducción de
conexiones entre neuronas seguida de su pérdida, lo que define los patrones
cerebrales”.
En los últimos años, los
investigadores cuentan con evidencias de que la experiencia configura la
estructura del cerebro.
Aquellos niños que no juegan lo
suficiente o que son tocados rara vez, desarrollan un 25% menos de conexiones
por neurona. En otras palabras, la riqueza de experiencias produce riqueza en
los cerebros y brinda a las potencialidades latentes la oportunidad de
desplegarse.
Las neuronas, por medio de las
prolongaciones que emiten, llamadas
axones y dendritas, establecen
una cantidad de conexiones entre ellas, las sinapsis, que pueden vincular
cuerpos neuronales ubicados a decímetros de distancia.
Así, atraviesan trayectos que
en el nivel microscópico equivalen a kilómetros.
Las experiencias y vivencias
generan estallidos espontáneos de conectividad, reforzando algunas sinapsis, mientras
que las que no son activadas se atrofian.
A los dos años de edad, el
cerebro de un niño produce el doble de sinapsis y consume el doble de energía
que el cerebro de un adulto normal.
Y aunque estas conexiones
continúan formándose durante toda la vida, alcanzan sus más altas densidades –alrededor
de 15.000 sinapsis por neurona– hacia los dos años de edad y permanecen en ese
nivel hasta los diez u once. En ese momento, la relación entre creación y
atrofia de sinapsis se desequilibra.
A partir de allí, y durante
los años siguientes, las conexiones más débiles serán destruidas, y solo
permanecerán las que han sido reforzadas por la experiencia. Y esto tanto para
el aprendizaje y las vivencias positivas como para las experiencias
traumáticas.
Al llegar el fin de la
adolescencia, el cerebro habrá ganado en poder pero habrá perdido plasticidad,
adquiriendo su configuración definitiva.
Nuevas experiencias podrán
seguir moldeándolo, pero habrá disminuido la potencialidad ilimitada de su
conectividad.
LAS
ONDAS CEREBRALES ALFA Y BETA
El estudio de la actividad
eléctrica del cerebro desde la superficie del cráneo (electroencefalograma o
EEG) ha permitido establecer la existencia de diversos tipos de patrones
rítmicos llamados ondas.
Dichos patrones cambian de
acuerdo con el tipo de actividad que realiza el cerebro (sueño o vigilia,
meditación o lucha, etc.). Mencionaremos las ondas alfa, relacionadas con el soñar y el fantasear, y las ondas beta, ligadas al estado
de alerta y la preparación para la acción.
Las ondas beta son ruidosas y
rápidas, y suelen tomar el comando del funcionamiento cerebral durante el
estado de vigilia. En el nivel del pensamiento, podemos hablar de un modo lineal. Estas ondas, muy activas y
veloces, enmascaran e inhiben la aparición de las ondas alfa.
Las ondas alfa, si bien están
siempre presentes, son lentas y silenciosas, y solo se registran cuando se
acallan las ondas beta: durante el sueño, la relajación, la asociación libre de
ideas y los procesos creativos.
Al pensar en red activamos la
sintonía entre las ondas alfa y beta, buscando ese estado especial que Jaworski
llama “estar a la vez alerta y en trance”.
DE
GOLFISTAS, CAZADORES Y EMPRESARIOS
Hace pocos años, se realizó
una experiencia con jugadores de golf acerca de la actividad cerebral durante
el juego. Se les colocó un casco que tomaba mediciones de sus ondas cerebrales
y las registraba en una pantalla. Se comprobó así que el cerebro de los grandes
maestros, en el momento de pegar el golpe, operaba con predominio de ondas
alfa, un estado de relajación similar al trance. El golpe resultante era
preciso y de gran potencia.
Sometidos a la misma prueba,
los golfistas principiantes mostraron un predominio de ondas beta, por lo que,
contrariamente a lo que podría suponerse, sus golpes salían tensos y
contenidos, con menos fuerza y precisión.
Ondas
beta
Ondas
alfa
Estado de alerta, inquietud, ansiedad
Estado de relajación, tranquilidad,
optimismo
Situación normal cuando estamos
despiertos y en actividad
Situación normal cuando ejercemos la
creatividad
Los sentidos se hallan volcados hacia el
exterior
Integración de cuerpo y mente
Alta frecuencia: de 13 a 30 Hertz (vibraciones
por segundo)
Menor frecuencia: de 8 a 12 Hertz
Entre los años 1984 y 1994,
diferentes investigadores (Hartfield, Hardt,
Gale, Sterman) estudiaron la
aparición de las ondas alfa en diversas actividades y también su debilitamiento
en determinadas condiciones.
Descubrieron que también en
los cazadores y arqueros, las ondas alfa predominaban justo antes del tiro.
Además, constataron que el aumento de estas ondas mejora la fluidez en la
creación de conceptos e imágenes, y en la resolución de problemas. Las ondas
alfa son las que operan en la atención flotante.
Por otra parte, los mismos
estudios demostraron que el agotamiento por estrés debilita en forma duradera
las ondas alfa y genera un exceso de ansiedad, demasiada conexión con lo
externo y poca flexibilidad para resolver problemas.
Aquí podemos inferir que, en
estado de alerta permanente, un líder, un gerente o un profesional funcionará a
la manera de un golfista novato, rígido y lineal. Por el contrario, un
verdadero experto será  capaz de integrar
las ondas alfa a su actividad, de modo de no perder el pensamiento conectivo.
Porque lo que está en juego no es ni más ni menos que la potencia en su
accionar y la precisión en sus objetivos, que, paradójicamente, dependen de su
capacidad de abandonar el funcionamiento lineal.
El
abogado y conferencista Daniel Pink relata cómo investigaciones de la
Universidad de Chicago y del London School of Economics demostraron con
evidencia experimental el impacto negativo de los incentivos en el rendimiento
de las personas y equipos de trabajo.
Estos
estudios descubrieron que, contrariamente a la creencia aceptada, los incentivos
materiales entorpecen el razonamiento y bloquean la creatividad, perjudicando
los resultados.
Sostiene
Pink que estímulos y amenazas, premios y castigos, eran adecuados a las tareas
del siglo XX, cuando existía un conjunto simple de reglas y un objetivo claro a
lograr. Pero en el siglo XXI, cada vez más hacemos tareas que necesitan de una
mente abierta y conectiva.
Y los
incentivos estrechan el foco, concentran la atención e impiden ver opciones y alternativas.
Hoy, el
trabajo rutinario, basado en reglas, del hemisferio izquierdo, se automatiza,
se subcontrata o lo hacen las computadoras más rápido y más barato.
Lo que
importa son las habilidades creativas y conceptuales del hemisferio derecho y
más aún si están integradas con el izquierdo.
Ya no
existen soluciones únicas, hay incertidumbre y complejidad.
Es
decir que en la mayor parte de las actividades actuales el modelo que hemos
usado tanto para la enseñanza como para los negocios ya no funciona.
Capítulo 13, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi

Por | 2016-05-16T18:01:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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