Un universo de redes

Durante
largos períodos de la historia, hemos aceptado que pensadores e investigadores
se ocuparan de definir los nuevos paradigmas, dejando a los hombres de acción
las decisiones acerca de los hechos. Hoy ya no podemos desconocer la revolución
del pensamiento como fuente genuina de nuestro accionar.
EL
FIN DE LAS FRONTERAS, EL IMPERIO DE LA RED
Vivimos en un universo de redes que atraviesan fronteras
geográficas, políticas y culturales: el arte, los descubrimientos científicos y
las tecnologías de la comunicación.  Allí
donde había fronteras, hoy se despliega la  red.
El paradigma de fronteras
implica no solo la división del mundo en estructuras, clases sociales o países,
y su consiguiente riesgo de exclusión y enfrentamientos, sino un modelo mental
que fragmenta la realidad como modo de conocimiento, que ignora que es
imposible comprender las cosas sin comprender la relación entre ellas. En el
nivel del pensamiento, el paradigma de fronteras se llama reduccionismo.
El nuevo paradigma de redes considera la realidad como un
sistema abierto, integra lo diferente, favorece la circulación de ideas, es
expansivo e innovador y abierto al cambio y a la transformación.
Pero no podemos dejar de
considerar que las redes, por su gran velocidad de dispersión, son también el
campo propicio para la depredación y la propagación acelerada de la
destrucción. En su aspecto mortífero, la red puede ser desintegración y
degradación.
También en el conocimiento
estamos asistiendo al surgimiento de este nuevo paradigma de las redes, verdadera
revolución epistemológica que aparece en los años recientes.
La física cuántica, las
matemáticas, la biología molecular, la sociología y la psicología comienzan a
establecer nexos y correlaciones entre todo lo vivo, la energía y la materia,
el orden y el caos, el azar y el determinismo. El paradigma de las redes
alcanza tanto a las llamadas ciencias humanas como a las ciencias “duras”,
tales como la física y las matemáticas. Y este nuevo paradigma trae nuevos desafíos, nuevos riesgos y nuevas oportunidades.
NAVEGAR
EL CAOS
“He
aprendido que cuando uno está en el centro de las cosas, el caos hasta resulta
ser bueno. Es solo en los extremos que el caos hace perder la concentración y
disipa la energía.
En
realidad, el caos puede ser la única respuesta cuando uno está interesado en
saber lo que pasa “ahora mismo”. Es como un caleidoscopio que contiene
información revolviéndose y girando, cayendo en forma de patrones que tienen
sentido”.
Derrick
de Kerckhove
Inteligencias
en conexión
El azar, lo aleatorio, las
nuevas teorías del caos, el principio de incertidumbre, el reconocimiento de
los efectos del observador sobre su objeto de estudio dan cuenta de un modelo
en el que el positivismo, el  reduccionismo
y el determinismo han perdido terreno.
Ya no podemos pensarnos como
seres puramente racionales, capaces de observar objetivamente la realidad, ni
explicar el mundo de acuerdo con leyes absolutas e inmutables.
Hoy se habla de dinámica de redes,
estructuras disipativas, sistemas autoorganizados, causalidad no lineal,
teorías de la complejidad, como modelos para pensar la interdependencia del
individuo con su entorno, y de todos los sistemas vivos entre sí.
Una corriente que atraviesa
variados campos del conocimiento aparece como alternativa a las restricciones
históricas del pensamiento, accediendo al paradigma de redes como una
integración de lo diverso y sus transformaciones.
Y si bien el exceso, la
incertidumbre y lo enmarañado nos resultan inquietantes, cualquier intento de
fragmentar lo intrincado llevaría a la mutilación y el empobrecimiento. A su
vez, pretender unificar lo diverso en estructuras  regidas por el orden y las jerarquías nos encamina
a la construcción de un sistema cerrado e inerte.
Si insistimos en pensar
linealmente, podríamos encontrarnos como aquel soldado aislado en la selva años
después de una guerra que ya terminó, luchando una batalla solitaria que ha
perdido todo sentido.
Hoy las personas y las
organizaciones que persisten en estructuras lineales están destinadas al aislamiento
y al envejecimiento prematuro, incluso si están tan focalizadas en sus
objetivos que aún no lo pueden percibir.
Con cada vez menores certezas,
los modelos de pensamiento tradicionales resultan inadecuados para decodificar
las nuevas realidades.
Hoy algunos expertos en
organizaciones nos alertan contra el analfabetismo científico y cultural de
aquellos que tienen la responsabilidad de coordinar proyectos sociales y
económicos, ya que nadie puede quedar fuera de los saberes emergentes que están
transformando nuestro modo de vivir y trabajar.
LA
CIENCIA DE LAS REDES
“Los
científicos de la complejidad y los investigadores
y
facilitadores sociales que piensan en términos de
 la metáfora de las redes nos convidan a
internarnos en los
laberintos
multidimensionales del conocimiento, la acción y la
emoción
de un sujeto complejo, compartiendo un imaginario con
nuestros
semejantes y un mundo diverso con todas las
criaturas,
donde nuestro propio crecimiento y evolución
están
ligados a los de los demás en una red
multiforme
de interacciones dinámicas”.
Helen
Fisher
El
primer sexo
El término “red” y la
expresión “en red” se utilizan actualmente en diversos
campos, desde la tecnología hasta los proyectos comunitarios.
Pero no basta con hablar de redes;
es necesario comprender cómo funcionan y qué reglas las rigen.
La ciencia de redes complejas combina ideas y resultados de las matemáticas, la física, la informática,
la sociología y la economía.
Estudia la estructura y la dinámica de las
redes, y los fenómenos característicos del Efecto Red: contagio, propagación,
navegación, influencia, coordinación.
Y actualmente se aplica a  la epidemiología, el estudio de grupos y
sociedades, las campañas de marketing, las estrategias económicas, la ecología,
la biología, y también las neurociencias.
Como viene demostrando la ciencia de las
redes, tanto las epidemias como las actividades marginales responden a leyes
muy precisas de difusión, densidad y expansión. La propagación de las
enfermedades y las redes del tráfico y el delito son por eso las más difíciles
de desarticular desde las estructuras institucionales verticales.
Esto es lo que le sucedió a Bill Gates con su
campaña para erradicar la poliomielitis en Africa. Luego de donar 700 millones
de dólares a la Organización Mundial de la Salud, ésta le informó que la enfermedad
continuaba expandiéndose. A partir de allí la OMS, UNiCEF y los Centros de
Control de Prevención de Enfermedades de EEUU tuvieron que diseñar una nueva
estrategia que definieron como “horizontal”. Cuentan que Gates se sorprendió
del fracaso ya que habían replicado la campaña antivariólica, de estructura
lineal, exitosa 30 años atrás y al comienzo los avances fueron impactantes. Lo
sorprendente es que al poco tiempo se frenaron.
Hoy las epidemias se propagan de manera
diferente que 30 años atrás, y ese modelo ha quedado obsoleto.
El problema es que, buscando el prestigio o el
rédito, los grandes donantes siempre prefirieron estrategias y objetivos
lineales, “verticales”, que daban resultados rápidamente visibles y mensurables
estadísticamente. Sin duda es gratificante ver el éxito en el corto plazo,
aunque a veces implique desentenderse de los verdaderos resultados, que sólo se
pueden ver con el tiempo y en ámbitos diversos.
Por el contrario, en la estrategia
“horizontal”, no es tan fácil medir y exhibir los resultados, ya que
son expansivos, a largo plazo y no “lucen” rápidamente en las estadísticas.
En el escenario hiperconectado en que vivimos,
tendremos que aceptar que ya no se puede operar en forma fragmentaria. Hay que
hacerlo con una visión integral: mente-cuerpo-vínculos-contexto- cultura.
No hay campaña de salud exitosa sin resolver
temas como el agua potable, los hábitos de higiene, la nutrición, la salud.
Lo inquietante es la fuerza que conservan los
paradigmas lineales, incluso en la mente de un creativo, pionero, hombre de
redes. Si esto es así para Bill Gates, ¿cómo no entender las feroces
resistencias de las estructuras lineales, verticales y jerárquicas, en la
escuela, la universidad y las empresas?
Laszlo Barabasi, el físico de
las redes, estudia estructuras de sistemas complejos, especies en un
ecosistema, personas en una sociedad, sitios de Internet. Y afirma en su libro Linked, the New
Science of Networks, que el descubrimiento de que
tanto los sistemas vivos como las personas en una sociedad funcionan como redes
complejas que incluyen el orden y lo aleatorio, no es una revolución sino una revelación. En otras palabras, esto
siempre fue así, solo que aún no lo sabíamos.
Esta ciencia estudia tanto el
comportamiento de las redes artificiales como el de las redes vivas.
Las redes artificiales están configuradas por
nodos unidos intencionalmente y programadas de modos preestablecidos con fines
predeterminados. Una red vial, una asociación de profesionales, una red
tecnológica, el organigrama de una organización, son redes artificiales.
Pero cuando en una red artificial participan personas
la transforman en una red compleja. Allí entran a jugar la subjetividad, las pautas
socioculturales y el azar.
Todos los sistemas vivos se comportan como
redes complejas: las neuronas en el cerebro, las ideas en la mente, los vínculos
entre las personas, las relaciones en las organizaciones, las conexiones en las
comunidades.
Estas redes complejas están configuradas por múltiples
nodos unidos entre sí por lazos fuertes, ordenados y predecibles y otros lazos
débiles, informales y azarosos. Además existen nodos llamados hubs que concentran y distribuyen las
mayores densidades de lazos o conexiones.
Este conocimiento reciente e innovador
se instrumenta en múltiples áreas. Pero lo más revelador es que se puede
aplicar al estudio de los procesos de pensamiento y nos brinda elementos para
comprender el funcionamiento creativo individual y grupal, y reconocer sus
bloqueos y limitaciones.
El sociólogo Duncan Watts y el
matemático Steven Strogatz (Universidad de Cornell, 1998) descubrieron que las
conexiones azarosas reducirían exponencialmente el número de pasos para llegar
de un punto a otro cualquiera de una red. Es decir que, cuando se agrega un link aleatorio a una red ordenada,
se acortan las distancias entre todos sus nodos, aumentando la conectividad de toda la red. Esto dio lugar
a lo que denominaron el fenómeno de los mundos pequeños. Y lo más sorprendente es el
corolario de esta ley: cuanto mayor es mi   red,
menos son los lazos aleatorios que necesito para  potenciar mi conectividad.
En una red viva los lazos fuertes generan orden,
coordinación de esfuerzos, consistencia y confianza. Por su parte los lazos
débiles activan mayor densidad, dinamismo, diversidad y expansión.
En un individuo, un grupo o una comunidad se
hace esencial integrar ambos tipos de lazos. Los lazos fuertes expresan identidad,
pertenencia, experiencia y tradición. Los lazos débiles representan diversidad,
apertura, audacia, innovación.
Llevado al funcionamiento
mental, podríamos decir que una mente curiosa y preparada, con amplitud de
intereses, necesitará de apenas unas pocas operaciones mentales para generar
resultados originales.
Y en un grupo de trabajo, las
afinidades informales entre las personas, servirían de atajo para agilizar la
circulación tanto de la información como de la innovación.
El sociólogo Mark Grannovetter
estudió, algunos años antes, la función esencial que cumplen los lazos
habitualmente considerados débiles en la conectividad total de una red. Los lazos débiles son aquellos que conectan puntos que
tienen “poco que ver” entre sí, los que tienen vínculos distantes, indirectos o
aparentemente poco significativos.
En la vida de relación los
lazos fuertes son los que nos unen a personas muy cercanas, como nuestra
familia y nuestros amigos más próximos. Lazos débiles son aquellos
circunstanciales que generamos en un viaje, un curso, un encuentro casual. Este
autor destacó la importancia de estos lazos débiles en nuestra vida social y
laboral. Claro que los lazos sociales débiles carecen de valor cuando no están
acompañados de otros lazos fuertes: afectos, amistades, vínculos estrechos. De
nuevo, los lazos fuertes le dan consistencia a nuestra red y los débiles
expansión.
Entre las variadas
experiencias que se han realizado con redes complejas, un ejemplo de la
importancia de los lazos débiles en la vida cotidiana es el funcionamiento de
estos en la búsqueda laboral.
Grannovetter muestra cómo para
conseguir un nuevo empleo es mucho más eficaz recurrir a los lazos débiles que
configuran nuestras redes personales, ya que los lazos fuertes comparten entre
ellos tantos conocidos y espacios, que forman los llamados clusters o racimos. Si bien los clusters dan consistencia a nuestros
círculos de intereses comunes, no nos aportan demasiadas oportunidades
novedosas.
En el funcionamiento mental,
los sistemas de ideas altamente consistentes también operan como clusters, consolidando excesivamente
los lazos fuertes e impidiendo la apertura tanto hacia las nuevas ideas como hacia
las nuevas relaciones.
Cuando le preguntaron a Neil
de Grasse Tyson, el astrofísico más prestigioso del momento, respecto del
antagonismo entre ciencia y religión respondió: “La cuestión no es religión
versus ciencia, sino ideas versus dogmas de cualquier tipo, sean religiosos o
políticos”.
Por
otra parte, se descubrió que el cerebro humano también responde a una dinámica
de redes complejas, con neuronas conectadas por lazos fuertes y predecibles que
siguen una secuencia lógica, y otros débiles y azarosos, que funcionarían como
atajos. Los lazos fuertes dan lugar al Pensamiento Lineal
y los débiles al Pensamiento Intuitivo.
En el esquema psicoanalítico
de la mente, el entramado de estos dos modos daría lugar a la intuición, el
sentido del humor y la creatividad.
Barabasi también desarrolla el
concepto de redes scale
free
, que son
aquellas en las que determinados nodos centralizan una gran cantidad de
conexiones. Son los llamados hubs,
los nodos más atractivos, en torno a los cuales se agrupan los demás nodos. En
los grupos y redes sociales, por ejemplo, los líderes funcionan como hubs, atrayendo hacia sí innumerables
conexiones por su capacidad, prestigio o carisma.
En su
libro The
Tipping Point (La Clave del Éxito)
, Malcolm Gladwell, que escribe sobre ciencia para el New Yorker, describe
tres tipos de hubs
en las comunidades:
los vendedores natos, carismáticos y convincentes, que
contagian entusiasmo;
los conectores, que conectan a las personas de diferentes mundos; los mavens o enterados,
que comparten información y conocimientos.
Así como las personas lineales
tienden a acaparar la información valiosa o atesorar sus contactos influyentes,
estos agentes multiplicadores,  facilitan
la interconectividad entre los otros miembros de la red.
Por eso, las personas más aptas para generar
conectividad son aquellas que desarrollan diversos talentos, intereses y
experiencias en variados ámbitos. Ellos crean redes más vitales, expansivas y
potentes proponiéndose como hubs,
aportando conocimientos, ideas y conexiones.
Gladwell también define tres factores
esenciales para la propagación de un producto, un proyecto, un sistema de
valores: una idea potente en su esencia pero sencilla en
su expresión, un contexto preparado para recibirla y la presencia de los agentes
propagadores. Convincentes,
“celestinos” y enterados serían así los “polinizadores” de las redes sociales
en la web y las comunidades.
CREAR
REDES
“Cada
vez estoy más convencido de una inteligencia
colectiva,
de la cual quien firma no es sino el más osado,
o
quien está más cerca de convertir su deseo en letra”.
Alejandro
Piscitelli
Ciberculturas
2.0
El reconocimiento de que las redes
tienen dinámicas propias de funcionamiento nos lleva a comprender que donde
veíamos apenas una maraña desordenada, parece haber un orden diferente, que no
responde a las leyes convencionales que conocíamos.
Hoy sabemos cómo funcionan las
redes, pero también sabemos más sobre cómo crear nuevas redes y potenciar su
conectividad.
A su vez, desde los educadores
hasta los empresarios, reclaman a gritos un cambio de
mentalidad, para poder transitar y comprender la realidad que nos está tocando
vivir.
El Pensamiento en Red es un recurso que pone en
valor una capacidad innata que se suele perder con la educación formal: nuestra
habilidad natural para desenvolvernos en los sistemas de redes. En la jerga de
Internet, de navegar
las redes.
Esa capacidad es la que buscamos recuperar, reconocer, legitimar y usar a
voluntad.
Daniel Goleman, el creador del
concepto de inteligencia emocional, en su libro Inteligencia social, se refiere a la capacidad de
crear redes sociales, una de las habilidades que definen al Pensamiento en Red.
Desde el estudio de la
evolución de los medios de comunicación y sus efectos en la civilización,
Derrick de Kerckhove, investigador de la comunicación y la conectividad interpersonal,
heredero intelectual de Marshall McLuhan y director del Programa McLuhan de
Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto, aporta el concepto de inteligencias en conexión.
Así las personas que tienen
mayor conectividad entre sus ideas conectan mejor con las ideas de los otros.
Por otra parte es la creación
de una nueva red lo que permite la propagación acelerada y expansiva de la
innovación. En la jerga de las redes, el Efecto Red.
En su libro El management del futuro, Peter Drucker reflexiona
acerca del invento de la máquina de vapor, recordándonos que en las primeras décadas
solo fue utilizada en los barcos, sin aportar grandes cambios socioeconómicos.
Recién cuando se inventó el ferrocarril, se produjo la verdadera revolución
industrial.
Si lo pensamos desde las redes,
podemos inferir que esto se debe a que los descubrimientos y las invenciones no
generan verdaderos cambios hasta que crean nuevas redes: los barcos solo recorrían
una red preexistente, los ferrocarriles trazaron redes donde no existían.
Y lo mismo sucedió con la
informática. La revolución llegó cuatro décadas después de la invención de las
primeras computadoras, con la
World Wide Web, una nueva red.


Capítulo 5, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi

Por | 2016-05-16T18:07:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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