SER, HACER, TENER Y LOS CAMINOS DEL ÉXITO

Cuando estamos integrados y no fragmentados en diferentes roles, hay
una continuidad entre lo que somos y lo que hacemos, y el hacer deriva
naturalmente del Ser. En esos estados, todo lo que hacemos nos hace
crecer como personas totales.

Por el contrario, cuando hacemos compulsivamente como forma de huir de nosotros mismos o de demostrar lo que no somos, nos vamos empobreciendo y perdiendo el sentido de realidad de nuestra vida.

La persona integrada se siente libre, autónoma, responsable y confiada
en su capacidad de aportar algo al mundo que lo rodea. En cambio, cuando
representamos un rol, nos sentimos a la vez vulnerables y prisioneros.

El adulto sano es capaz de hacerse cargo de sus pensamientos, actos y
decisiones, de reconocer sus logros y de aceptar las consecuencias de
sus errores y fracasos, sin necesidad de depositar en los otros sus
aspectos idealizados o desvalorizados. También dispone de la capacidad
de jugar y el humor como espacio mental y verbal en que la persona se
siente libre y es capaz de transmitir esa libertad a los que lo rodean.

A su vez, el Ser integrado también se relaciona de un modo especial con
el tener. Cuando la autoestima se sostiene en variadas fuentes de su
propia historia, saberes y experiencias, los logros no son simples
disfraces, títulos o trofeos, sino auténticos derivados de la persona
total. El éxito vacío, en cambio, como un globo inflado, es siempre
angustiante, ya que nos hace sentir amenazados ante la menor crítica o
error.

Existen muchos momentos en la vida en que recortamos
alguna faceta de nuestra personalidad en busca de un objetivo lineal. El
machismo de los varoncitos de diez años, por ejemplo, proviene de la
necesidad de remarcar los rasgos varoniles con el fin de asegurarse una
identidad masculina. Se burlan de las nenas y si tocan una muñeca, lo
hacen con evidente desprecio o como si tuvieran miedo de contagiarse de
algo. Pero luego de la adolescencia, su masculinidad solo será completa
si logran reincorporar aquellos aspectos de los que renegaron. Eso los
hará mejores amantes y padres. Pero también más sensibles, creativos y
empáticos.

Del mismo modo, a veces renunciamos a nuestra parte
más informal o bohemia para asumir un trabajo de gran responsabilidad y
exigencia. Y, al pasar el tiempo, descubrimos que estamos atascados, sin
poder seguir avanzando en nuestro desarrollo, justamente porque nos
faltan la fantasía, la informalidad, la libertad de improvisar. La pauta
de fragmentación nos aleja de nuestros recursos genuinos.

A lo
largo del crecimiento laboral, muchos renuncian o hasta reniegan de sus
talentos originarios y habilidades no convencionales. Luego, no
entendemos por qué se sienten sin energía, pasión o recursos. Sus jefes
buscan incentivarlos con estímulos, premios y castigos, cursos de
motivación, sin resultados positivos.

La madurez solo es
posible cuando volvemos a integrar esas facetas descartadas, reabriendo
los canales clausurados, recuperando lo que se pierde en la formación
especializada, los talentos ocultos o acallados, las raíces familiares y
culturales de cada uno.

En Red, nuestros soportes son
múltiples y variados. Y cuanta más Red tenemos, más seguros y confiados
nos movemos. Y el sentimiento de continuidad, de seguir siendo quienes
somos, nos permite relajarnos y cambiar.

Libro: “Pensamiento en Red”

• Apple iBookstore: https://itunes.apple.com/…/…/pensamiento-en-red/id765713786…
• KoboBooks: http://www.kobobooks.com/…/book-hx6RQDb6lEiH1VFh…/page1.html

Por | 2015-01-09T16:00:00+00:00 09/01/2015|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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