Reflexiones de un líder sobre un taller desarrollado en varios niveles dentro de una misma organización

Salí de nuestra primera reunión con una mezcla de entusiasmo y escepticismo. La propuesta de Sonia era… rara, parecía interesante pero casi requería un acto de fe. Pensamiento en red, inspiración, endorfinas, atención flotante… Mi cerebro de ingeniero racional no alcanzaba a procesar tantas ideas extrañas pero el resto de mí se entusiasmaba más y más con la idea. ¿Qué resto de mí? Practicando algunas de las tareas para el hogar que Sonia nos dio en el primer curso que organizamos juntos, llegué a la conclusión de que los entusiasmados eran algunos de los tantos personajes que conviven en mí: el niño explorador, el artista asustado, Don Fulgencio…
El Pensamiento en Red llegó a la empresa e iluminó las caras, el alma, la vida de nueve personas. Tanto lo iluminó que al año siguiente media compañía pedía participar de esos cursos extraños que hicieron que ingeniero más ingeniero de la compañía terminara escribiendo poemas o que gente que antes casi no opinaba presentara propuestas innovadoras para áreas que no eran de su incumbencia.
En tres años de cursos y reuniones para conversar sobre el Pensamiento en Red más de 50 personas se reencontraron con partes olvidadas o abandonadas de su ser. Aprendieron a escuchar a su mente pero también a su corazón, a su cuerpo e incluso a personas que antes no existían y ahora, gracias al andar por la vida en atención flotante, no sólo hemos podido ver sino que sus ideas o comentarios nos disparan ideas increíbles. Descubrimos que era mejor caminar por el mundo atentos a todo y a nada al mismo tiempo, confiando en nosotros, en nuestros conocimientos básicos y en nuestra intuición más que en esa mochila llena de soluciones con la que cada día salíamos de casa pensando que la mejor forma de enfrentar el mundo es sabiéndolo todo… Entendimos que la adrenalina es una buena pero desgastante fuente de
energía mientras que las endorfinas que surgen de nuestra sintonía con el mundo son inagotables e incluso nos hacen ser mejores ofertas para los demás.
El Pensamiento en Red trajo a la compañía dos grandes resultados:
• Mayor desarrollo personal y profesional de las personas: Cambios de actitud, ruptura de paradigmas, crecimiento profesional. Mayor libertad para opinar, tomar decisiones difíciles y proponer ideas “no convencionales”. En general se percibe a la gente con menos ataduras, más predispuesta al cambio o al análisis de nuevas ideas.
• Formación de equipos: Durante los seminarios las personas intercambian experiencias y sentimientos sobre su vida particular (fuera de lo laboral) lo cual lleva a la mejor comprensión de los demás, a la generación de un sentimiento “de confianza” entre quienes participan del mismo seminario. Se han evidenciado mejoras importantes en el trabajo conjunto y en la interrelación de los participantes de un mismo seminario.

Las ideas y enseñanzas de Sonia con el Pensamiento en Red nos han ayudado a valorar a la persona integrada, que vive en un sano equilibrio entre sus múltiples actividades aprovechando las experiencias y aprendizajes de una para aplicarlos a soluciones o inventos en otra. Nos hemos convertido en contrabandistas de ideas, observadores diferentes.
Como jefes aprendimos a no ser enloquecedores y exigir creatividad sin dar tiempo, sin inspirar o sin tolerar propuestas insólitas. Aprendimos a valorar a las personas raras, a quienes tienen cosas diferentes para contarnos. Y nos enamoramos del concepto de líder interesante, inspirador, que vive su vida plenamente comprometido con su trabajo pero también con su persona, con su cuerpo, con sus emociones, con su familia.

Por | 2010-06-27T20:01:00+00:00 27/06/2010|Categorías: Pensamiento en red|Tags: |Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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