Percibir en red

Percibir
en red es entrar en sintonía con el mundo, y con la
inteligencia
y creatividad de los otros.
Mentes
abiertas con valencias disponibles para establecer enlaces
con
el entorno y las oportunidades.
COMO
JUAN POR SU CASA
Cuando nos movemos en forma
lineal, percibimos las cosas y a los otros como obstáculos que hay que sortear, amenazas de las cuales defendernos o trámites de los que nos queremos librar
cuanto antes. La realidad se nos viene encima.
Disponerse a percibir en red es dejar en suspenso, quizá
solo por un rato, la lista de urgencias y prioridades, y otorgarles a todos los
elementos de nuestro entorno un igual valor.
Para eso se requiere una
disposición especial de la mente y el cuerpo para detectar de una manera
integradora lo que llega de afuera.
Cuando lo logramos, la ansiedad
y la desesperación por saberlo y resolverlo todo se calman. Comenzamos a estar
realmente conectados
con el fluir de las redes
, navegamos con libertad y audacia, orientados no solo por nuestra
capacidad de observación sino también por otras formas de conocimiento, como la
intuición y la empatía. Eso sí, reconocidas, entrenadas,
capaces de guiarnos hacia la esencia de las personas, las ideas y las cosas,
pasando por encima de las apariencias o el disfraz. Ya no solo disponemos de
una “brújula” como instrumento lineal que nos señala el norte, sino también de
un “GPS” que permite encontrar el recorrido más conveniente y con menor riesgo
de error.
Cuando somos capaces de percibir en red, comenzamos a andar por el
mundo como Juan por su casa, pertenecemos al universo y el universo nos
pertenece. Nos liberamos del peso de las estructuras formales, ya que somos
capaces de recrear las condiciones para generar ideas en cualquier lugar y
momento. Un lugar de paso, un aeropuerto, una sala de espera, la mesa de un bar
son suficientes para instalar un taller improvisado en donde dedicarse a crear.
En esos momentos descubrimos que la mayor parte de lo que necesitamos lo
llevamos “puesto”, y que lo que nos pueda hacer falta estará disponible a
nuestro alrededor.
EL
PENSAMIENTO EN RED HACIA LOS OTROS
Y
EL MUNDO
“Una
idea puede regresar a la mente muy cambiada por el solo
hecho
de haber salido a dar una vuelta por su resto de universo.
Imaginemos,
además, por un momento, que en ese resto de universo
habita
como mínimo otra mente”.
Jorge
Wagensberg
A
más cómo, menos por qué
Cuando privilegiamos algunos
datos respecto de otros, cuando consideramos a priori que algunas personas
saben más que otras, o creemos que algunas ideas son más importantes que otras,
limitamos nuestra capacidad de comprensión.
Percibir en red significa
dejar en suspenso las jerarquías, las categorías y el juicio, otorgando a todo
el mismo valor, hasta detectar lo esencial. Y no se trata de pasar de
superficial a profundo, sino que el funcionamiento mental adquiere un espesor
particular y una trama más colorida.
Así, cuando pasamos de un
funcionamiento lineal a un funcionamiento en red, se seleccionan naturalmente
vías originales para la visión de la realidad. Percibir en red es percibir no
solo las cosas o los hechos, sino las múltiples relaciones entre ellos, un sistema abierto de conectividad
ilimitada
,
que no presenta un centro organizador ni nodos más significativos que otros.
Cuando percibimos en red, nos
instalamos en una actitud de hospitalidad mental respecto de todos los
estímulos que nos rodean, a los que recibimos con curiosidad. Dejamos la
desconfianza en suspenso, dispuestos a considerar sin preconceptos todos los
elementos de los que disponemos.
LAS
MENTES EN RED
“Cada
vez me convenzo más de que existe un plano de conciencia
que
compartimos todos, y que el cerebro es una máquina limitadora
que
recorta este plano. Existe la posibilidad de salir de estos límites,
y
participar en aquel plano de conciencia”.
Joseph
Campbell
El concepto de Pensamiento en
Red, a la vez que integra el pensamiento lineal con el funcionamiento
intuitivo, propone un pensar que no es individual ni colectivo sino conectivo, que se despliega en el espacio intermedio entre una persona y otra. Un sistema
de combinatorias infinitas en el que la comunicación fluye entre el adentro y
el afuera.
Cuando hablo por primera vez
de este tema en un grupo, varios de los participantes reconocen que en
determinadas condiciones suelen tener ese tipo de experiencia. Les hace gracia
y comentan: “Nunca se me había ocurrido que esto pudiera ser investigado y
entrenado, pero es exactamente lo que me pasa cuando…”. Y allí los ejemplos
pueden ser: “… juego un partido de fútbol durante el cual el equipo está
sintonizado de un modo casi mágico”, “… comienzo un proyecto y se multiplican
las casualidades que me aportan todos los recursos que necesito”. Alguno más
poético evoca: “Es como navegar a vela en esos días en que el viento parece
estar siempre a favor”, o “Es parecido a lo que se siente al remontar un
barrilete, cuando la tensión del hilo te hace sentir que estás conectado con
algo más allá que te sostiene”.
Otros declaran como una
revelación: “Es exactamente así como funciono yo en casi todo, y siempre
trabajé así. Parece que soy un especialista en pensar en red”.
Y estas personas casi siempre
resultan ser líderes naturales, investigadores inspirados, artistas talentosos.
O tienen el potencial para llegar a serlo.
En las organizaciones, los
buenos líderes, al igual que los artistas, suelen tener activo el Pensamiento
en Red. De todos modos, necesitan que su gente también piense en conectivamente,
para fortalecer y sinergizar su gestión. Además, deben saber detectar la red
por fuera de la organización para integrarla a sus recursos.
El Pensamiento en Red opera en
la mente del individuo, de allí se extiende al equipo de trabajo, conectando la
propia creatividad con la de los demás. Rápidamente se difunde a la organización,
que se vuelve más innovadora y permeable al intercambio con el entorno:
clientes, proveedores, competidores, tendencias sociales y económicas.
Así se sincronizan los
recursos propios y prestados, generando la colaboración creativa y la
restauración de las redes organizacionales y sociales.
En los tiempos que corren,
funcionar en red ya no es solo una buena opción para la expansión de nuestra
mente; se ha transformado en una necesidad de supervivencia, ya que es la forma
de comprender el presente y ser parte del futuro.
La conexión de las mentes
integra la complejidad, la multiplicidad y la virtualidad, dejando también
lugar para el azar, el encuentro inesperado, las sintonías imprevistas.
PERCIBIR
Y PENSAR EN RED
“Al
reconocer la legitimidad de cada una de las descripciones
(lineal
y no lineal, continua y discontinua, analítica y sintética, mecanicista
y
compleja, atomista o en red), aumentamos nuestras alternativas
de
interacción con el mundo, ya que ninguna puede agotar
todas
las posibilidades. Al tomar los pares de opuestos y
ponerlos
en movimiento, aparecen nuevos planos de la
realidad
para explorar y enriquecernos”.
Helen
Fisher
El
primer sexo
Cuando trabajamos en red, podemos
reconocer lo único y complejo de cada situación y prepararnos para encararla de
modo original. Reconocemos lazos entre lo parecido y lo diferente, lo cercano y
lo distante, y los hacemos jugar respetando su potencial de cambio y
transformación.
Lo inédito surge de este modo
de funcionamiento, que si bien puede aparentar ser irracional o anárquico, está
regido por leyes que permiten una gran variedad de combinaciones y
alternativas.
En la colaboración creativa,
se generan alianzas entre diferentes tipos de personas que las mantienen unidas
y, a la vez, diferenciadas en su originalidad y permiten su interacción de un
modo dinámico y funcional.
UNA
VISIÓN EN RED
“La
característica del innovador es la habilidad para
vislumbrar
como sistema lo que para otros es un conjunto
de
elementos separados y sin ninguna relación”.
Peter
Drucker
Managing
for Results
Finalmente, la visión en red
genera cooperación creativa, innovación, comunicación y confianza, dando lugar
a un management inspirado e inspirador.
“Hacía varios días –me cuenta
un gerente– que estábamos tratando de encontrar la solución a un problema
relacionado con la producción.
Llevábamos innumerables
reuniones, y perdí la cuenta de la cantidad de mails que nos enviamos entre
gerencias. Una mañana, me levanté de mi escritorio y me dediqué a recorrer las
distintas oficinas sin la intención de resolver nada en particular, conversando
con la gente de los temas que surgían espontáneamente. Para mi sorpresa, luego
del recorrido, no solo pudimos solucionar el problema que nos preocupaba, sino
que detectamos y resolvimos otras cuestiones que se hallaban sin solución desde
hacía tiempo”.
El gerente se movió activando
la conectividad
informal
y
espontánea.
A esto lo llamamos tejer la red, algo así como instalar el
cableado por donde circulará la comunicación. A partir de allí, los variados
contenidos fluirán sin obstáculos.
Además, el hecho de no
focalizar la búsqueda permite encontrar más que lo que se estaba buscando: esa
solución y otras inesperadas.
Y cuanto más abrimos la red, multiplicando la
conectividad en todas las direcciones, solemos encontrar más cantidad de
respuestas, cada vez más alejadas del foco de nuestra búsqueda. A veces hasta
adelantamos recursos y encontramos soluciones a dificultades que aún no tuvimos
tiempo de percibir.
En cambio, cuando buscamos
linealmente no solo nos perdemos alternativas potenciales, sino que ni siquiera
nos aseguramos de encontrar lo que buscábamos.
Al Percibir en Red registramos tendencias, nos
inspiramos y desarrollamos una visión estratégica. Se integran la orientación a
objetivos con el registro de oportunidades.
Ir en pos de un objetivo es
semejante a salir de pesca con un arpón. Por el contrario, cuando desplegamos
la red, lo buscado caerá naturalmente en ella. Si nos encontramos con alguien que
nos interesa para proponerle un proyecto, nos apuramos a entregarle nuestra
tarjeta con la expectativa de que nos contacte. De ese modo actuamos en forma
lineal, y convocamos al otro a actuar linealmente. El interlocutor se limitará
a colocarnos en una lista de espera, de acuerdo a sus prioridades de ese
momento.
Si, en vez de entregarle un
trozo de cartulina que irá a parar a una pila de elementos idénticos, generamos
en él un campo de interés intercambiando ideas y buscando afinidades
personales, nos tendrá flotando en su red durante los próximos días. Solo habrá que esperar que en el
momento y lugar adecuados, alguna asociación de ideas le recuerde nuestra
conversación. Y no cabe duda de que se las ingeniará para encontrarnos.
Pero además, el hecho de que nos
descubra otorga un valor agregado a la relación, aportando el elemento de magia
que siempre acompaña el momento en que se produce un hallazgo.
INSPIRADORES
E INSPIRADOS
En las primeras reuniones de los
Talleres de Pensamiento en Red, los participantes comienzan a tomar nota de lo que les cuento.
Recuerdo que en el tercer encuentro un ingeniero comentó entre sorprendido y
preocupado: “No sé si es bueno o malo lo que me pasa. Intentaba tomar apuntes,
pero ya no anoto lo que escucho, sino lo que a mí se me va ocurriendo a partir
de tus palabras”. Al activar su percepción en red, se encontró dialogando con mis ideas, que le sirvieron de fuente
de inspiración.
Además, cuando estamos en red,
los áridos e irritantes momentos de espera, en la antesala del dentista, en un
café esperando al impuntual de siempre, pueden ser utilizados a favor de
nuestras redes informales y nuestra creatividad. Ya no rumiamos obsesivamente
el mal humor, sino que recibimos ese tiempo extra como un regalo, para
instalarnos por un rato en nuestro espacio creativo. Aprovechamos el tiempo
para imaginar e inventar, y el tiempo muerto se transforma en tiempo vital.
Y si a eso se agrega que en
los lugares públicos nuestra percepción también recorre las innumerables fuentes de inspiración que nos ofrecen un sonido, un
retazo de conversación, la tapa de una revista espiada al pasar, nos daremos
cuenta de que estamos en un gran taller, en el centro mismo de nuestro mundo
creativo.
Pedro, un creativo
publicitario, se instala a trabajar en el lobby de los grandes hoteles. Dice
que de este modo las ideas que se le ocurren están en sintonía con las
tendencias que va captando de la gente que pasa. Conozco por experiencia esas
situaciones donde uno se ubica en espacios de transición, lugares de paso, y
estos crean el campo propicio para conectar entre sí los propios pensamientos,
y a estos con las corrientes que circulan en el ambiente. Estar en red facilita
que esas dos fuentes se fusionen en un hallazgo inesperado.
Los diseñadores de moda han
incorporado la estrategia de recorrer diferentes ámbitos donde la gente se
encuentra, intentando captar pequeños detalles originales con los que después,
en conjunto, inventarán los nuevos modelos. Además los equipos de trabajo hacen
sus reuniones fuera de las oficinas, en lugares públicos.
Pero para estar en red no es
suficiente con recorrer lugares o reunirse en espacios extravagantes, ya que en
esos casos lo que habitualmente sentimos es que los otros, los ruidos y las
interrupciones nos desconcentran de nuestra tarea. Intentar trabajar
creativamente en espacios de transición puede ser una tortura llena de
obstáculos si no logramos el estado mental que hace falta para que esa
experiencia sea productiva.



 Capítulo 2, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi
Por | 2016-05-16T18:10:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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