Pasiones inconfesables

Cuando comencé a usar Spotify pensé: qué maravilla, toda la música que me gusta disponible en un sólo lugar.

Pero un día descubrí algo más. Puedo escuchar lo que se me ocurra, cosas que jamás compraría en CD y que hasta me da pudor escuchar.

Termino un día de trabajo y necesito una tregua para ponerme a preparar esa clase que tengo que dar mañana. O me levanté de mal humor y necesito algo que me motive. O salgo a caminar con los auriculares y preciso un ritmo que me inspire. Quizá me acordé de un tema viejo, romántico y meloso, que tenía olvidado. Todo vale. Hasta un cantante que repite un estribillo sin sentido pero pegadizo.

Siempre escuché de todo un poco, pero con la idea de que tenía que ser bueno o al menos lindo para mí.

Ahora tengo la libertad de escuchar cualquier cosa. Lo bueno, lo malo, lo loco, lo tonto, hasta lo ridículo.

Sólo depende de mi estado de ánimo, de una necesidad casi corporal o simplemente del permiso que me doy de no ser “musicalmente correcta”.

Y no tengo que compartirlo, ni defenderlo, ni convencer a nadie.

Es mi secreto musical del que me río en complicidad conmigo misma. Bailando por dentro bachatas, boleros, viejos temas de jazz, rock o reggaeton.

#CosasQuePasan

Dra. Sonia Abadi

Por |2018-09-04T13:01:28+00:0016/08/2018|Categorías: Noticia destacada, Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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