Neurosis, creatividad y proyectos vitales

 Por Sonia Abadi
Las neurosis
son enfermedades psíquicas que se originan en la infancia, debido a la
dificultad para elaborar ciertos conflictos emocionales. Estos se reprimen, es
decir se olvidan, se hacen inconscientes, pero sus efectos retornan a través de
gran cantidad de síntomas.

            Según factores constitucionales e históricos, para cada
persona estos síntomas se desarrollarán principalmente en una de estas tres
áreas: el cuerpo, la mente, la relación con el mundo. También pueden combinarse
trastornos en varias áreas en una misma persona.

            En el cuerpo veremos aparecer problemas de salud de
origen emocional, o con un gran componente emocional; desde dolores difusos,
contracturas musculares, problemas digestivos, de la alimentación, del sueño o
de la sexualidad; ciertos trastornos cardíacos, algunas enfermedades de la piel
(esto corresponde con los cuadros llamados histeria o trastornos
psicosomáticos). 

            En la mente se desarrolla una preocupación permanente que
abarca ideas recurrentes, ansiedad, dudas interminables para tomar decisiones
cotidianas, temores exagerados, pensamientos sin salida, que llevan al
agotamiento físico y mental y a la parálisis ante los proyectos y desafíos,
(este cuadro se denomina neurosis obsesiva).

            En la vida de relación observamos la evitación de
personas, lugares y actividades necesarios para el desempeño habitual: temor al
diálogo con las personas cercanas, aplazamiento de trámites simples, miedo a
enfrentar una entrevista laboral o una reunión social, dificultad para formar
pareja (fobia es el nombre de este tipo de problemática).

            Todas estas son formas de la neurosis y conducen a la
ansiedad, el malhumor, la insatisfacción y simultáneamente a  la pérdida del entusiasmo, la creatividad y
la alegría de vivir.

            Por lo tanto podemos decir que las neurosis son
enfermedades invalidantes y progresivas.

            La divulgación del psicoanálisis nos ha hecho comprender
hace tiempo que nos hallamos ante conductas que no podemos manejar a través de
una decisión voluntaria. Muchas veces, llegados a ese punto de comprensión se
suele decir que hay que aprender a convivir con esas limitaciones y tolerarlas.
A veces incluso esta explicación sirve de excusa para pedir la tolerancia de
los demás: “Bancame, es parte de mi neurosis”, “Me atrasé en entregar el trabajo
porque soy muy obsesivo”, “Me siento mal pero sé que es del bocho”.

            Sin embargo aquí no termina el problema. La neurosis no
es sólo una enfermedad que produce un cierto grado de discapacidad psicológica,
un modo de ser más o menos estable. Esta discapacidad, en la juventud y la edad
adulta, se hace progresiva, ocupando cada vez más espacio y deteriorando la
vida de la persona.

            Los síntomas físicos se multiplican y se agravan, con
riesgo para la salud y la vida; las obsesiones mentales se complican y ocupan
cada vez más tiempo, en detrimento de la productividad y el bienestar; los
miedos y fobias aíslan cada vez más del mundo y de las personas, estrechando el
horizonte y condenando al deterioro económico y la soledad afectiva. La vida de
pareja se deteriora, la relación con los hijos también. Los amigos se alejan.

            ¿Se puede prevenir esta expansión de la enfermedad?

Librada a su
curso la neurosis se cristaliza en rasgos de carácter. Sin embargo, tratada
adecuadamente evoluciona hacia una mejoría. Lo indicado en estos casos es pedir
ayuda psicoterapéutica.

            No olvidemos que la enfermedad progresa. Las alternativas
son una discapacidad creciente, con los fracasos afectivos y laborales que la
acompañan o una vida cada vez más rica y ampliada por múltiples intereses,
proyectos y expectativas.
Por | 2014-02-19T20:59:00+00:00 19/02/2014|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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