LOS PREJUICIOS Y LOS MANDATOS

Los
preconceptos acerca de uno mismo o de los demás empobrecen la actividad
de la Red, ya que condicionan al pensamiento a recorridos lineales.

Se trata de preceptos que se exteriorizan con expresiones como “Esto
no le va a gustar a mi jefe”, o “Mi socio seguramente no estará de
acuerdo con mi decisión”, aun cuando en ambos casos los supuestos
interlocutores ni se enteraron de las ideas en juego.

También
tenemos prejuicios acerca de determinadas personas o grupos humanos. O
hacia ciertas debilidades o defectos de los demás. Muchas veces se nos
dice, con razón, que eso que tanto nos irrita en el otro está reflejando
una dificultad nuestra.

Sin embargo, cuando tratamos de
comprobar esa teoría desde el modo lineal, la evidencia se nos escapa.
Si nos perturba que alguien lúcido e inteligente se haga adicto al
alcohol, por ejemplo, decimos: “No puedo entender que esa persona
necesite aferrarse a una botella para vivir, y así sabotear su carrera”.
¿Cómo podría tratarse de un problema nuestro, si jamás tomamos alcohol?
Lo que nos cuesta entender es que estamos tan aferrados a una idea
lineal como el alcohólico a su botella, y que también nos hacemos
adictos a nuestro prejuicio, que nos limita y limita nuestra comprensión
del mundo.

Otras veces, el parecido es tan obvio que todos lo ven, salvo el protagonista: “No soporto a la gente intolerante”.

El prejuicio es una idea o sistema de ideas que nos sirven para
defendernos y sentirnos seguros. Tenemos miedo de encontrarnos con lo
diferente. Y la dependencia respecto de esa idea es también como una
droga que intoxica nuestras redes.

Los mandatos son elecciones
de vida que se transforman en posiciones rígidas: “Si soy ingeniero, no
me puedo dedicar a la música”. Están relacionados con un conflicto entre
la necesidad del ser y el deber ser, en un espacio en el que no queda
lugar para las propias potencialidades.

Ya lo decía el escritor
italiano Curzio Malaparte en su fatalmente fascinante libro La piel:
“Una dictadura es un régimen de vida en el que todo lo que no está
prohibido es obligatorio”.

Por | 2014-08-06T19:18:00+00:00 06/08/2014|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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