Los nudos en la red

Los
nudos en la red están configurados por enlaces fijos
que
obligan a la mente a seguir derroteros preestablecidos,
limitando
la libertad del pensamiento.
DETECTANDO
LOS NUDOS
La exploración mental o
perceptual tropieza, cada tanto, con detenciones
y hasta destrucciones en el fluir de las ideas. Se trata de dos maneras en que
la red se inutiliza: los nudos y
los cortes.
A veces, los obstáculos se
reflejan en el cuerpo, como el típico “nudo en el estómago”, tensión en la zona
cervical o lumbar y hasta espasmo coronario.
Los nudos en la red pueden aparecer como ideas o
grupos de ideas que quedan conectadas inexorablemente entre sí, produciendo una
soldadura inamovible, inhabilitándolas
para establecer nuevas conexiones. Se trata de pensamientos que obligan a
razonar de manera predeterminada, y que limitan y empobrecen la libertad de
pensar.
Son fijaciones, que en parte
provienen de nuestros modelos de crianza y educación, y en parte de los valores
de nuestra organización y aun de nuestra civilización. Consignas que quizá fueron
necesarias en un momento determinado, y que han sufrido una cristalización.
ENREDADOS
Las experiencias
excepcionales, cuando van acompañadas de una fuerte carga emocional, tienden a
quedar grabadas, y de allí en más se desarrollarán como clichés. Se instala un estilo semejante
al reflejo condicionado, el cual ante cada estímulo, reacciona siempre de
determinada manera.
A veces, los nudos
terminan teniendo el efecto de predicciones, algo así como una fatalidad que nos dice que las cosas solo
podrán suceder de una manera. De este modo, no solo operan como prejuicios sino también como profecías y hasta condenas.
El nudo es una certeza, a
veces una maldición
inevitable
, y
no una posibilidad a la que hay que estar atento. Lo dramático es que las nuevas
experiencias no modifican los nudos. A lo sumo, el individuo pensará: “Esta es
la excepción que confirma la regla”. Pero al día siguiente volverá a sentir la
inexorabilidad de la certeza.
Más aún, cada nueva
experiencia refuerza y engrosa los mismos nudos en una escalada maligna que
termina estrangulando
la red
.
Un nudo va a atraer hacia sí
todo lo igual o parecido, para irse reforzando cada vez más, y va a desatender
los indicadores de lo nuevo. Los nudos en la red son los que impiden aprender
de la experiencia, son el lugar de la profecía autocumplida.
LAS
PROHIBICIONES O LA ESCLEROSIS DE LA RED
En los nudos se instala tanto
lo que nos parece idealmente inalcanzable como lo que consideramos censurable.
Los anudamientos
en la red
tienen
su origen en diferentes asociaciones de ideas, facilitadas por interdicciones
familiares o culturales. Entre las más habituales, podemos ubicar la de la
edad. ¿Cuántas veces hemos escuchado: “Todavía es muy joven” o “Esto ya no es
para mí”?
También existen prohibiciones
de orden social: “Alguien como yo no puede darse estos lujos”. O “Esto es cosa
de hombres”, o “Una mujer no debe…”.
Estos anudamientos suelen
reactivarse ante desafíos concretos. Ante la propuesta de realizar una nueva
actividad, se suelen argumentar limitaciones de dinero, obligaciones familiares
y laborales…, y siempre falta de tiempo.
¿Por qué hablamos de
esclerosis de la red? “Esclerosis” quiere decir
endurecimiento, pérdida de la
flexibilidad. Estamos acostumbrados a oír este término en la enfermedad del
sistema circulatorio llamada arteriosclerosis, que quiere decir, justamente, endurecimiento de las arterias.
Lo curioso es que este
mecanismo fisiológico tiene un notable parecido con la enfermedad de la red. Imaginen a las arterias como
una gran red que hace circular la sangre por todo el cuerpo y, por otra parte,
el tan nombrado colesterol, una sustancia que se deposita en la pared interna
de las arterias en forma de pequeños cristales, y que tiene la característica
de los cristales: filosas aristas. A su vez, la sangre contiene gran cantidad
de glóbulos rojos que transportan el oxígeno a todo el organismo y son como
pequeños globitos con una fina membrana.
Cuando la sangre pasa por
encima de las placas de colesterol, los glóbulos rojos se lastiman con los
filosos cristales y su fina piel, ya vacía, se irá depositando sobre las
placas, colaborando en rigidizar las arterias, estrechando su luz.
Algo muy semejante sucede con
los nudos en la red. Estos irán atrapando y sedimentando sobre ellos las nuevas
experiencias, en vez de facilitar la circulación de las ideas. Esto produce una
rigidez de la  red, que comienza a estrechar su trama.
A la larga, estaremos cada vez
más convencidos de lo que ya suponíamos, y esa convicción vuelve a atraer hacia
sí todas las experiencias afines. Y si no lo son, la mente esclerosada decidirá
de todos modos: es siempre lo mismo, o nunca podrá ser diferente. Y el oxígeno,
representado por la energía creativa y renovadora, ya no llega a difundirse por
la red.
LOS
PREJUICIOS Y LOS MANDATOS
Los preconceptos acerca de uno
mismo o de los demás condicionan al pensamiento a recorridos lineales.
Se trata de preceptos que se
exteriorizan con expresiones como “Esto no le va a gustar a mi jefe”, o “Mi
socio seguramente no estará de acuerdo con mi decisión”, aun cuando en ambos
casos los supuestos interlocutores ni se enteraron de las ideas en juego.
También tenemos prejuicios
acerca de determinadas personas o grupos humanos. O hacia ciertas debilidades o
defectos de los demás. Muchas  veces se
nos dice, con razón, que eso que tanto nos irrita en el otro está reflejando
una dificultad nuestra.
Sin embargo, cuando tratamos
de comprobar esa teoría la evidencia se nos escapa. Si nos perturba que alguien
lúcido e inteligente se haga adicto al alcohol, decimos: “No puedo entender que
esa persona necesite aferrarse a una botella para vivir, y así sabotear su
carrera”. ¿Cómo podría tratarse de un problema nuestro, si jamás tomamos
alcohol? Lo que nos cuesta entender es que estamos tan aferrados a una idea
lineal como el alcohólico a su botella, y que también nos hacemos adictos a
nuestro prejuicio, que nos limita y limita nuestra comprensión del mundo.
Otras veces, el parecido es
tan obvio que todos lo ven, salvo el protagonista: “No soporto a la gente
intolerante”.
El prejuicio es una idea o
sistema de ideas que nos sirven para sentirnos seguros. Tenemos miedo de
encontrarnos con lo diferente. Y la dependencia respecto de esa idea es también
como una droga que intoxica nuestra comprensión.
Los mandatos son elecciones de
vida que se transforman en posiciones rígidas: “Si soy ingeniero, no me puedo
dedicar a la música”. Están relacionados con un conflicto entre la necesidad
del ser y el deber ser, en un espacio en el que no queda lugar para las propias
potencialidades.
Ya lo decía el escritor
italiano Curzio Malaparte en su fatalmente fascinante libro La piel: “Una dictadura es un régimen
de vida en el que todo lo que no está prohibido es obligatorio”.
LA
CALIFICACIÓN PREMATURA
La crítica es solo una función
del pensamiento y debiera activarse luego de haber desarrollado una idea o un
proyecto, para poner a prueba su viabilidad. Si aparece al comienzo condiciona
las conexiones de la red.
En este caso, produce el efecto
de impedir la libre conectividad, porque suelda las ideas a un elemento
crítico, como si cada idea viniese acompañada de su detractor.
Cuando logramos detectar al
“tirano” interno que nos paraliza,  podemos
representarlo con una imagen ingeniosa o satírica. Me ha tocado escuchar
nombres como “el pájaro negro que se me instala sobre el hombro para
censurarme”, “el pisabrote”, “la bruja que me come las ideas”.
Una inquietud que surge con
frecuencia en los equipos de trabajo es por qué algunos sienten que trabajan
mejor bajo una
presión externa
,
y se preguntan si esto no se contradice con la idea de sentirse libres para ser
más creativos. La respuesta es que cuando postergamos una actividad o nos
encontramos paralizados, es porque nos hallamos bajo el dominio de nuestro tirano interno, que nos descalifica e
intimida. Al aparecer el jefe o el calendario que nos recuerdan la dead line o la importancia de lo que
debemos realizar, estos operan dándonos el permiso de movernos y concretar.
Simplemente, se trata de que el tirano externo tiene más poder que nuestro tirano interno y consigue hacerle frente.
Pero lo más dramático es
cuando se instala  la dupla nefasta de la
hipercrítica y la negación.
Cuando la función crítica está
hiperactiva, nos condiciona a concentrarnos en un aspecto parcial de una idea.
Esta visión lineal impide, a la vez, percibir otros aspectos negativos o
peligrosos que podría tener ese mismo proyecto, no registra los problemas,
defectos o fallas, y nos dirige derecho al precipicio. Mientras que la crítica
no nos deja avanzar, la negación de la realidad nos manda al frente sin aviso.
En el nivel de una
organización, significa que vemos los riesgos solo adelante, o en lo externo a
la estructura. Nos falta el registro de la trama subterránea, que es de donde
surge todo lo nuevo, pero también donde anidan los peligros de lo que nos
negamos a ver.
ORGULLO
Y SACRIFICIO
Cuando, a lo largo de la vida,
las figuras de autoridad nos felicitaron reiteradamente por resistirnos a
obtener algo que deseábamos, por soportar algo desagradable, por esforzarnos
más de lo necesario, nos vamos sintiendo halagados ante nuestra tolerancia al
sufrimiento, y cada renuncia incrementa nuestra autovaloración.
Aun si no somos plenamente
conscientes de ello, muchos de los modelos que hemos recibido e incorporado nos
enseñan el valor del martirio. En esos casos no queremos cambiar porque estamos
convencidos de que nuestra capacidad de sacrificio nos otorga una superioridad
moral respecto de los demás. Así es como la autoestima se sostiene en la
capacidad de renuncia y la energía se utiliza para soportar en vez de usarla
para cambiar. La red se transforma en una trampa.
Ese efecto puede ejercerse
sobre uno mismo, y también sobre los demás, sometiéndolos a una exigencia que
los bloquea y hace colapsar sus redes creativas.
EXPERIENCIA
Y MADUREZ
Creemos que la experiencia se
adquiere repitiendo una misma actividad a lo largo del tiempo. Sin embargo, en
ocasiones, el paso del tiempo rigidiza nuestra manera de hacer las cosas y
ahoga la creatividad, ya que la repetición ritualizada de una tarea genera nudos
en la red que actúan como resistencias a la innovación y al cambio.
A veces, el más experimentado
es el menos creativo, ya que “se las sabe todas” y no siente la necesidad de
improvisar. Sin embargo, cuando las experiencias han sido realmente
transformadoras, es justo el más experimentado el que tendrá mayor cantidad de
recursos originales para resolver una situación nueva.
Otras veces escuchamos decir:
“Es preferible contratar a alguien joven porque todavía no tiene las mañas de
los mayores”.  De todas maneras habrá dos
clases de mayores: los que por la diversidad de sus experiencias, su apertura
mental y su curiosidad han ascendido a la categoría de expertos y aquellos que por sus prejuicios y
rigideces solo han reforzado sus nudos, se han llenado de “mañas”.
Tradicionalmente, en los
oficios se aprendía por experiencia lo que hoy adquirimos de modo más
sistematizado con la capacitación especializada.  
La profesionalización es un
logro de la educación actual y ha permitido dar profundidad y consistencia a la
formación. El riesgo es que se pierdan ciertos beneficios que se daban en el
aprendizaje de un oficio: la guía del maestro, la posibilidad de experimentar
desde el comienzo y no solo después de obtener un título, la activación de
habilidades que hoy se llaman soft.
El problema es que formamos
profesionales recortando su sensibilidad y originalidad durante años, y hoy les
exigimos que recuperen esas aptitudes al servicio de las nuevas organizaciones
que valoran el factor humano y la creatividad.
Además, la dedicación
exclusiva y excluyente al estudio de una carrera universitaria o a una
actividad profesional conducen a la estrechez de miras, los prejuicios y la linealidad
mental. El desarrollo de otros intereses, la diversión, los viajes, las
escapadas, si bien aparentan sustraer energía al objetivo principal, llevan al
crecimiento de la persona total.
La formación especializada y
la concentración excesiva en un proyecto crean profesionales hipercapacitados
en un área específica, pero entorpecen el desarrollo humano. Así, encontramos con frecuencia en
puestos de responsabilidad a personas con una altísima capacidad intelectual y
operativa, pero relativamente incapaces de enfrentar la vida con madurez, y con
serias dificultades para relacionarse con la gente.
LA
FUNCIÓN DESATANUDOS Y LA RED HUMANA
La red es el lugar de lo
potencial, del movimiento y del cambio. Cuando estamos en red, nos abrimos a lo
posible.
Con frecuencia, nos
sorprendemos al descubrir que las grandes ideas suelen ser ideas muy simples.
Esto se debe a que el hallazgo de lo nuevo tiene más que ver con despojarse de
preconceptos, para limpiar y despejar la esencia de un problema, y por lo tanto,
de su resolución. La paradoja es que la mirada compleja sobre una situación es
la que nos permite encontrar la sencillez de la respuesta.
Los argumentos que las
personas esgrimen para no funcionar en red suelen ser la cantidad de trabajo,
la urgencia y la diversidad de las tareas que deben cumplir. Sin embargo, al
pensar en red somos más eficientes y esto nos protege
tanto de equivocarnos como de enfermarnos.
Muchas veces la resistencia a
implementar una  idea innovadora sólo se
trata de una suma de prejuicios, inercia y miedo. Nudos y cortes en la red.
Al enfrentar un problema, un
proyecto, una crisis, solemos recorrer mentalmente, casi sin darnos cuenta, las
situaciones similares que conocemos, en busca de la experiencia. El problema es
que eso nos lleva directamente hacia los nudos. Al poner la mente en red, aparece
 lo particular de cada situación y eso
permite encontrar soluciones originales.
A menudo, cuando iniciamos un
proyecto, lo evidente suele ser pensar en nuestro equipo de trabajo habitual. Y
sin embargo, al activar la red podemos crear un nuevo equipo coyuntural para
cada situación, detectando quiénes son los que necesitamos para acortar los
pasos jerárquicos o de procedimientos, quiénes tienen más aptitudes personales
o interés, o menor resistencia, o mayor disponibilidad.
Esta movilidad de los equipos
permite reclutar a aquellos conectados por lazos débiles, los aparentemente más alejados o
menos significativos, pero que en ese momento importan.
Esto genera una pasión y una
mística semejantes a las de un voluntariado, en el que participan personas que
tienen ese proyecto en común más allá de jerarquías y roles.


Capítulo 6, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi

Por | 2016-05-16T18:06:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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