Los navegadores de la red

El
Pensamiento en Red es el más adecuado para
percibir
y procesar un universo abierto, interconectado y
en
constante fluir. Al pasar de un funcionamiento lineal a
un
funcionamiento en red, se seleccionan naturalmente
vías
inéditas para la visión de la realidad.
LOS
INSTRUMENTOS PARA NAVEGAR LA RED
Los instrumentos que
utilizamos tanto para navegar
la red
como
para retejerla o desanudarla son la asociación libre de ideas, la atención
flotante
y la
empatía.
Estas herramientas han sido
utilizadas con distintos nombres y en diferentes épocas por diversas
disciplinas y han adquirido identidad como instrumentos de la terapia
psicoanalítica, pero su valor se extiende más allá de esas fronteras, como
modos de exploración de la mente y del mundo.
La asociación libre de ideas
multiplica la conectividad en el interior de la mente, extiende los alcances de
la reflexión dirigida hacia una exploración más amplia del propio pensamiento.
Allí las ideas fluyen libremente, se conectan de infinitos modos, más allá de
la lógica, la causalidad, la secuencia temporal. Las ideas conscientes se
nutren de las ideas e imágenes inconscientes, lo actual entra en sintonía con
recuerdos, experiencias y saberes olvidados. Esta libertad de combinaciones
infinitas es la característica del pensamiento creativo.
De hecho, el entrenamiento
llamado brain
storming
, que
consiste en reunirse a proponer ideas sin orden, lógica ni censura, es una herramienta
de asociación libre de ideas que se usa hace tiempo en los grupos de trabajo,
como modo de activar la colaboración creativa.
La atención flotante, por su
parte, activa la apertura hacia el afuera, es una antena hacia el mundo y los
otros, diferente de la observación o atención focalizada.
En ese estado opera la
intuición como forma inmediata de conocimiento, y genera una aprehensión
totalizadora y no parcializada, ya que incluye climas emocionales, signos
gestuales y datos implícitos.
Cuando decimos “estar atento”
nos referimos a la atención focalizada, derivada del pensamiento lineal. Ese
tipo de atención, que reclama exclusividad, puede llegar hasta una visión en
túnel de la realidad. Es como ver el mundo a través del ojo de una cerradura.
En cambio la atención
flotante, característica del Pensamiento en Red, es una experiencia abarcativa
y, por lo tanto, una forma ampliada de registro
de oportunidades
.
Atención focalizada (Lineal)
Atención flotante (en red)
Observación
Visión
periférica
Análisis parcializado
Conocimiento
totalizador, intuitivo y empático
Recibe información secuencial: se desarrolla en un período de tiempo
Registra
información complementaria y tendencias. Inmediata: debe ser confirmada por
datos de la realidad
Se percibe el entorno como fuente de estímulos
Se percibe el
entorno como fuente de inspiración
Por otra parte, cuando la
asociación libre de ideas y la atención flotante se activan en el diálogo con
el otro, predisponen a la empatía,
la capacidad de entrar en sintonía con las otras personas. Y este es el modo
más genuino de comunicación, ya que no necesita forzar afinidades intencionales
o alianzas interesadas.
SUMERGIRSE
EN EL RUIDO DE LA VIDA
“Para
mí, la creación comienza con horas de ocio y contemplación.
Observo
los insectos, las flores, las hojas y los árboles que me
rodean.
Dejo que mi mente marche en calma a la deriva,
como
un bote en la corriente. Tarde o temprano, algo la capta.
Se
vuelve precisa, toma forma… el próximo tema
de
mi pintura ha sido decidido”.
Pablo
Picasso
Si bien todos sentimos que las
interrupciones atentan contra los estados creativos, la inclusión relajada de
otras fuentes de inspiración los activa y enriquece. Cuando estamos demasiado
concentrados en un tema, salir a recorrer la ciudad, intercalar un diálogo
trivial con otro, observar a la gente y la naturaleza, escuchar música, amplían nuestra red.
Algunas personas muy
imaginativas tienden a aislarse para crear. Esto los aleja de percibir las
corrientes de interés que circulan en un determinado momento, y a veces de
tener éxito con su obra, que ya no refleja a nadie más que a ellos mismos.
Otros intentan averiguar qué
les conviene producir para satisfacer una demanda, pero pierden contacto con la
fuente interior de su creatividad y solo pueden imitar lo que ya existe.
Nicolás, productor
discográfico, me cuenta su experiencia con los músicos de rock. Están aquellos
muy talentosos que no llegan a ser reconocidos porque son tan egocéntricos que
el público no alcanza a comprenderlos.
Otros que solo buscan imitar
modas, escuchando todo lo nuevo que se edita, y con esto apenas logran estar
actualizados, es decir, un paso atrás de lo novedoso.
Los grandes músicos, en
cambio, son aquellos que descubren y a la vez crean una nueva tendencia. No
buscan linealmente lo que “funciona” en ese momento en el mercado, sino que
navegan las corrientes sociales y culturales, incorporando ideas desde diversas
fuentes. No están conectados solo con el ambiente de la música, sino que circulan
entre su mente creativa y el mundo. Ellos son la verdadera vanguardia, aquella
que es a la vez original y trascendente.
Por eso, cuando un artista
trabaja en red se genera una evolución conjunta de la civilización y del
artista. Y solo cuando nos sumergimos en el “ruido de la vida” en estado de
apertura, crear y lograr el reconocimiento de los otros serán parte de una
misma experiencia.
A veces, bloqueados en busca
de nuevas ideas, abrimos un libro al azar, en cualquier página, y encontramos
la frase que nos ilumina. Enredados en una situación vital aparentemente sin
salida, cambiar el tipo de música que escuchamos puede mostrarnos un camino, ya
que, si uno quiere cambiar el guión de su vida, ¿por qué no empezar por la
banda sonora?
Cambiar de lugar los muebles y
objetos que utilizamos, mudarnos a otro espacio, “viajar” por la ciudad también
inician el movimiento de apertura. Aquí se trata de cambiar la escenografía
para transformar el guión.
Además, la focalización no solo estrecha la percepción
e impide encontrar opciones creativas, sino que nos somete al estrés. Peor aún, nos deja sin recursos ante
un desafío inesperado. El exceso de concentración en una tarea puede ser fuente
de errores y accidentes.
EL
EXAMEN DEL PILOTO
Un ejemplo de la de la visión en red es el de aquel aspirante a
piloto de líneas aéreas que enfrenta una entrevista de admisión con el jefe de
pilotos de una aerolínea. Se sientan frente a frente ante un escritorio, y el
jefe comienza el interrogatorio sobre procedimientos de emergencia.
“¿Qué hace usted si se le
enciende una luz roja intermitente a la derecha del tablero?”. Respuesta
precisa y contundente. “¿Y qué hace si le aparece humo en un motor del ala
izquierda?”. Respuesta correcta, el candidato conocía de memoria todo el
manual. Se muestra alerta y concentrado en las preguntas que recibe, y tiene a
flor de labios las respuestas que preparó para el examen.
En un momento, una atractiva
azafata abre la puerta, pide disculpas, se lleva una carpeta y vuelve a salir.
El piloto se distrae por un momento para mirarla, y cuando se recupera, se
ruboriza, comienza a transpirar, y le dice a su examinador: “Discúlpeme, no
escuché la pregunta”. Ya da su entrevista por perdida, cuando el jefe de
pilotos le dice: “Lo felicito, usted ha sido admitido. Un piloto responsable
jamás debe estar tan absorbido por un problema que no pueda percibir alguna
otra eventualidad”. Más adelante le confesaría que esa era una trampa que solía
tender habitualmente a los novatos.
AL
VOLANTE
Cuando manejamos un auto, si
somos buenos conductores, lo hacemos en estado de red; integramos a la atención
focalizada la atención flotante. Como todos sabemos, las personas que conducen
mal porque se sienten inseguras o están tensas, lo hacen con la vista clavada
al frente. Y, por supuesto, llegan estresados, ya que el estrés es la
consecuencia física del funcionamiento lineal. No han podido escuchar música,
ni conversar con la persona que está a su lado, ni ver un pájaro que pasó
cruzando el cielo, cosas que hacemos naturalmente cuando manejamos en atención
flotante. Y más aún, el exceso de focalización les puede impedir registrar un
obstáculo inesperado y exponerlos a un choque.
ESCENAS
EN UN RESTAURANTE
Restaurante tradicional, mesa
de doce personas, se acerca ese mozo profesional, con años de experiencia. Cada
uno pide un plato diferente, él no anota nada. Un rato después, sirve a cada
uno el pedido sin equivocarse. Probablemente no esté enterado de que en su
tarea utiliza la conexión en red entre
la parte de su cerebro que registra las caras y la que toma nota de las
palabras. Tampoco sabe que es la atención flotante la que le permite ver una
mano levantada entre la marea de mesas.
Esa capacidad de estar inmerso
en el clima del local es la que también le permite percibir el timing de una conversación por las
actitudes corporales, aun si no escucha de qué se está hablando. Un mozo
experto no interrumpe para preguntar si se van a servir algo más durante una
declaración de amor, ni durante una discusión, ni en el momento en que se
cierra un trato importante. Y, cuando llena las copas, lo hace casi como un
fantasma.
Bistró moderno, simpática
camarera recién entrenada en las consignas formales de cómo servir una mesa.
Sin embargo, desconoce el timing,
ya que nadie le ha enseñado esa parte esencial de su capacitación. Así, con la
mejor voluntad, suele actuar de manera invasiva, acosando a los comensales con
preguntas en el momento menos apropiado. Y, en cambio, no los registra cuando
la necesitan.
Ni hablar, por supuesto, de
los que, sin ningún tipo de entrenamiento, ni lineal ni en red, simplemente no
ven nada.
LA
MÁGICA SINCRONICIDAD
“Nada
es tan poderoso en este mundo
como
una idea cuyo momento ha llegado”.
Víctor
Hugo
Cuando la asociación libre de
ideas y la atención flotante están en plena actividad, predisponen a la sincronicidad.
La sincronicidad, de la que ya
nos hablaba el psicoanalista suizo Carl
Jung, es la experiencia de
encontrar cada vez lo que andábamos buscando, a veces sin saberlo.
Cuando estamos en red, “el
universo conspira a nuestro favor”, para usar una expresión de Joseph Jaworski,
fundador del Foro
Interamericano para el
Liderazgo y autor del libro Sincronicidad.
A esta experiencia, los
creyentes la llaman pequeño
milagro
, los
creativos la reconocen como sincronicidad y los empresarios, desde siempre, la llaman oportunidad.
Otros han descripto el
concepto de serendipia
(en inglés serendipity) para referirse al arte de
encontrar sin buscar. Un encuentro entre la clarividencia del observador y la
casualidad, que ha permitido grandes descubrimientos gracias al azar.
Royston M. Roberts, en su
libro Serendipia.
Descubrimientos accidentales en la ciencia
, nos da numerosos ejemplos de esto.
Relata cómo, debido a un error
o a un descuido, pueden aparecer respuestas a problemas que aún no han sido
planteados. La solución a estos dilemas adquiere su significado en mentes
preparadas para percibir
lo no pensado.
Entre
otros, cuenta el ejemplo de Alexander
Fleming, que descubrió la
penicilina debido a la contaminación de un cultivo de bacterias con un hongo
desconocido.
Y, más acá de los grandes
descubrimientos, todos conocemos esos momentos en que las cosas suceden como
por arte de magia, en los que todo parece encajar de una manera casi increíble,
en que sucesos que no podíamos prever parecen iluminar nuestros proyectos. Y lo
notable es que el poder expansivo de una única revelación nos lleva, muchas veces,
a redimensionar la totalidad de un proyecto.
Los navegadores de la red, asociación libre y atención
flotante, nos instalan en el estado adecuado para percibir las respuestas que
están en el universo. En la interfaz de lo interno y lo externo surge la
sintonía entre lo que buscamos y lo que encontramos.
Pensar en red es comenzar a vivir y a
trabajar con la varita mágica en la mano, a tener el mapa del tesoro escondido.
Por eso, en momentos de
desconcierto y bloqueo creativo, es útil instalar nuestra preocupación en la red y desentendernos de ella, a la
espera de la sincronicidad.
EN
SINTONÍA CON EL MUNDO
De modo lineal, solo vemos en
función de los objetivos inmediatos y los temores, lo que distorsiona nuestra
visión de la realidad.
Al desarticular la observación
focalizada, activamos la sintonía con el entorno y comenzamos a prestar atención
a las indicaciones que reflejan nuestras preocupaciones e intereses actuales, y
los pueden potenciar o respaldar.
La mente en red no solo observa y analiza; también
registra los climas, los detalles del entorno, al mismo tiempo que sus propias
vivencias. Es capaz de desactivar, en forma transitoria, la memoria, la
intención, las explicaciones. También la opinión, el juicio, la censura.
Cuando apuntamos a un objetivo
predeterminado intentando resolver o adquirir algo concreto, solemos darlo por
concluido con el acto de conseguir lo que buscábamos.
La rápida salida hacia la
compra o la solución perfecta “descarga” la energía creativa.
Al estar en atención flotante,
registrando los indicios menos evidentes, se comienza a advertir también lo que
forma “parte del decorado” y que, aparentemente, no se puede usar ni modificar.
Así lo relata Claudio, un
participante de los Talleres. Reunión en la oficina, cliente importante, aire
acondicionado split
a una altura
considerable, se ha extraviado el control remoto. La sala se va convirtiendo en
un sauna, la gente se afloja la corbata. Uno llama, histérico, a las
secretarias; otro abre y cierra cajones; el más joven se tira a mirar bajo la
mesa. Ni pensar en subirse a una silla: no son lo bastante altas y, además, son
giratorias. Nuestro amigo piensa: “No me voy a mover, me pongo en atención
flotante y se me va a ocurrir algo”. Pasea su mirada por el cuarto y ve en un
rincón, enrollada, la pantalla del proyector. Lo cuenta así: “Ni lo pensé, me
levanté como en trance, tomé la pantalla como si fuera un largo palo y toqué el
botón de encendido del aire”. Todos respiran aliviados, la reunión puede
continuar, ya se ocuparán más tarde de encontrar el control remoto.
ENCUENTROS
CERCANOS
Las actividades outdoor que organizan algunas empresas
funcionan como un “retiro” que aísla a los empleados del exceso de estímulos,
los pone más en contacto consigo mismos y les permite relacionarse con un grupo
de personas de manera más espontánea, en un ámbito protegido y permisivo.
A veces tenemos el prejuicio
de que estas y otras actividades sin reglas estrictas son distracciones que
malgastan la energía y el tiempo en trivialidades. Sin embargo, cuando estamos disponibles
para la conectividad, dispersar la energía es un modo de recuperarla
multiplicada, en tanto que concentrarla demasiado es la forma segura de
agotarla.
También ciertas actividades
que nos sacan de la rutina, como un congreso profesional o escuchar a un
conferencista talentoso, generan una apertura mental que predispone a las
experiencias reveladoras, operando como catalizadores que pueden incitar a un
cambio en muchas de las personas que participaron del encuentro.
Escuchando a alguien que
cuenta una experiencia límite o una nueva teoría, algunos de los participantes
pueden sentirse movidos a un cambio fundamental en su vida: intentar una mejora
laboral, terminar con una relación tortuosa, ocuparse mejor de su salud. Y esto
especialmente si ocurre en el ambiente de una experiencia grupal, en un clima
de juego y libertad.
Algunas empresas han comenzado
a interesarse en crear talleres en donde realizar actividades creativas y
culturales para favorecer el desarrollo integral de su gente y el despliegue de
sus potencialidades.
ESTAR
EN RED, RECORRER LA RED
Cuando estamos en
red, nos
disponemos a reconocer a los otros como potenciales fuentes de inspiración, en
lugar de percibirlos como estorbos o competidores.
Al articular el propio
potencial con el entorno, se incorporan al ámbito de trabajo todos los recursos
y experiencias de cualquier área.
Una mente inspirada es capaz
de establecer conexiones inéditas entre datos diversos, y esta es la verdadera
inteligencia organizacional que ayuda a planificar, decidir y realizar.
Una red abierta no se limita
al propio equipo u organización, sino que es capaz de interconectar lo de
adentro con lo de afuera y lo que está jerárquicamente arriba con lo que está
abajo, ya que las redes complejas no tienen centro y sus conexiones son
móviles. Así, permiten integrar recursos propios y ajenos, y usar tanto las
ideas del gerente como las del cadete. Y, además, deshacer ciertas conexiones
agotadas y establecer nuevas.
El Pensamiento en Red opera en
tres niveles entramados: integrando el pensamiento intuitivo con el lineal,
agregando a la atención focalizada la atención flotante y activando la conexión
empática con las ideas y la creatividad de los otros.

De este modo, nuestra
conectividad hacia adentro y hacia afuera se multiplica y se expande, y aparece
la sincronicidad. Por su parte, la sincronicidad nos brinda la sensación de ser
personas afortunadas, aumentando a la vez nuestra confianza en nosotros mismos
y en los otros.
Capítulo 3, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi
Por | 2016-05-16T18:09:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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