LOS CANALES DEL IMPULSO CREATIVO

El impulso creativo fluye como una
corriente y se irá encontrando con diferentes canales de expresión, pero
también con numerosos obstáculos. Los temores, prejuicios y experiencias
negativas oprimen las conexiones de la red, reducen el fluir de la creatividad
e impiden el surgimiento de nuevas ideas.
Cuando nuestros canales de expresión
creativa están estrechados, lo percibimos como una sensación angustiosa. Esto no tiene nada de extraño si
recordamos que las palabras “angosto” y “angustia” tienen el mismo origen.
En otros casos, la creatividad solo
fluye en ciertos espacios y situaciones permitidos, pero nos resulta difícil
activarla en las tareas obligatorias.
Este es el caso de las personas que
desarrollan una actividad creativa en paralelo con
su vida laboral, y esos dos mundos nunca entran en contacto. Las consecuencias
suelen ser el aburrimiento y la pérdida de compromiso con el trabajo, que se siente como una prisión. Y la
impaciencia por llegar al fin de semana y a las vacaciones como únicas fuentes
de entusiasmo y placer.
Otras personas padecen una clausura total de sus canales creativos; la vía de
expresión de las ideas y ocurrencias está cerrada en todos los ámbitos. La red
se endurece y aparecen el acartonamiento en la actitud, la tensión en el trato,
la pérdida de la
espontaneidad
. El
resultado suele ser el estrés
y las enfermedades
psicosomáticas.
En otros casos se produce el repliegue de la creatividad, que se desgasta en
elucubraciones sin salida y ensueños diurnos. En este tipo de introversión se pierde la conexión con la realidad y la posibilidad de concretar
realizaciones. La persona se siente frustrada.
En algunos, la corriente creativa es
muy caudalosa y se
desborda
, pudiendo
causar caos y desorganización. Esto lleva al malestar en la vida cotidiana, a
la dificultad para sentirse comprendido, a la imposibilidad de construir
proyectos viables.
Pero más allá de los posibles
obstáculos y potencialidades, en cada persona el caudal creativo puede ser
utilizado productivamente para ensanchar su vida, o drenarse en una descarga
estéril.
LA  DIFERENCIA ENTRE EXPANSIÓN Y
EVASIÓN,
PASIÓN Y VICIO
Presionados por el trabajo productivo,
la exigencia de rendimiento y eficacia, la búsqueda del éxito, sentimos que
nuestra vida es difícil de sostener, y a veces nos acompañan sentimientos de
frustración y falta de libertad.
En un intento por recuperar el
entusiasmo y como una tregua en la lucha por la vida, buscamos el juego, el
deporte, los hobbies, los viajes, crear grupos que
comparten afinidades, desarrollar intereses artísticos o sumergirnos en el
fluir de la vida cultural.
Estas actividades no solamente nos
distraen y nos relajan, sino que, si fluimos en red, nutren nuestro
pensamiento, creatividad y sabiduría, y nos permiten desplegar una personalidad
más interesante, extrapolar conocimientos de un área a otra y ser mejores
también en nuestro desempeño laboral.
Son experiencias variadas y
estimulantes, y suelen estar cargadas de sentimientos de plenitud, orgullo y
exaltación.
En esa forma adulta de jugar, la
mente, las emociones y el cuerpo se entraman en una experiencia que tiene un
lugar y un tiempo, con un estado mental laxo y libre de defensas. No nos
sentimos amenazados ni perseguidos, la imaginación y la realidad confluyen, y
la red se realimenta.
Pero otras veces, las zonas rígidas y
los aspectos fragmentados de nuestra personalidad no nos permiten ampliar
nuestro mundo con actividades creativas, sino que solo nos dejan evadirnos a través de acciones impulsivas, a
veces hasta secretas, que nos avergüenzan, vacían nuestra vida de energía y
mutilan nuestra red.
Entre estas actividades podemos
considerar los atracones de comida, las compras compulsivas, los juegos de
azar, la necesidad de tomar alcohol todos los días después del trabajo (o
durante), el uso indiscriminado de tranquilizantes y comprimidos para dormir,
el consumo sistemático de pornografía en Internet, las horas ante el televisor
sin importar el contenido de lo que vemos. También, las relaciones afectivas
tortuosas y enfermizas.
Estos actos de evasión suelen ser
repetitivos y monótonos, y una vez consumados, nos generan rabia contra
nosotros mismos, nos hacen perder tiempo y dinero, y nos averguenzan.
Nos encontramos fragmentados, desconcertados
y asustados por estas acciones que se vuelven cada vez más impulsivas e
inmanejables.
Este es un modo de huir de la
realidad, con actividades aparentemente recreativas, pero de calidad inferior a
la actividad creativa, ya que no dejan aprendizaje ni crecimiento personal. Las
actividades impulsivas son solo maneras de deshacerse en forma improductiva de
nuestro excedente de energía.
Así como en la expansión se gana
potencia y esta circula hacia otras áreas, en la evasión, en cambio, la energía
se consume y esas actividades quedan aisladas del resto de nuestras
experiencias.
Lo notable es que muchas personas que
cuentan con una gran energía y potencial creativo no reconocen esta necesidad
ni saben encontrar canales adecuados de expresión, y por eso padecen de estas
conductas y hasta pueden terminar destruyendo sus propios proyectos.
ADUEÑARSE
DE LA CREATIVIDAD
“En
un rincón de nosotros, adultos, vive el piloto solitario, el explorador
de
África, el navegante de mares desconocidos. En algún lugar
nos
habita el aventurero intrépido. En algún lugar nos habita un ser
alegre
que en algún momento supo descubrir maravillas por doquier.
Hoy
hemos escarmentado, se nos han puesto límites, pero si tenemos
suerte
volvemos a sentir de vez en cuando el contacto con
aquel
sentido de lo maravilloso”.
Judith
Viorst
El
precio de la vida
A veces, una idea creativa nos
sorprende y sentimos la magia de la revelación. Pero nuestro Ser creativo y las
exigencias de la vida no siempre se llevan bien, y en el peor de los casos, esa
situación nos conduce a dos extremos igualmente dramáticos. Por un lado, a
encerrar, reprimir, acallar, a veces casi asesinar el Ser creativo para
adaptarnos, o por el otro, a darle plena expresión, al costo de transformar la
propia vida en un caos sacudido por estampidas de creatividad, alternando con
los pozos angustiosos de su ausencia.
En los talleres para pensar en red
trabajamos para reconocer
nuestra creatividad, no como algo
mágico y aterrador ligado a la inasible inspiración que nos desestabiliza
cuando aparece y nos ensombrece cuando nos abandona, sino como un recurso que
está siempre a nuestra disposición. El ejercicio de la creatividad no tiene por
qué llevarnos a la miseria ni a la locura: debe permitirnos el bienestar, la
alegría y también los logros.

Por | 2016-03-21T20:35:00+00:00 21/03/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

Deje su comentario