Las redes y el fluir de la creatividad

Las
ideas creativas que llevan a la realización exitosa nunca
se
gestan a solas en el interior de la mente. El mundo está lleno de
ideas
en permanente circulación, y al funcionar en red también las
encontramos
y las podemos utilizar.
ELOGIO
DE LA IMPROVISACIÓN
“En
todas las culturas, existen experiencias que están más allá de
la
funcionalidad y la productividad. Experiencias relacionadas con lo
inédito,
lo inútil, lo azaroso, el juego. La eficacia y la funcionalidad
aparentan
ser los pilares del progreso. Sin embargo, cabría preguntarse
si
el motor de los cambios culturales se oculta en fuentes más
sutiles
y secretas: la improvisación y la creatividad”.
Jean
Duvignaud
El
juego del juego
Un día cualquiera, el maestro
de tango baila para sus alumnos. Uno de ellos le pide: “¿Podría repetir la
secuencia, por favor?”. “No sé cómo hacerlo –responde él– Cuando improviso, no
me queda en la memoria el resultado”. Se queda pensando: “Es raro, porque en
realidad me queda una calidad particular de memoria que no tiene forma de
figuras sino que pasa a ser parte de mí”. Y me pregunta: “Vos que sos médica,
¿me podrías explicar cómo se llama ese recuerdo que queda de todas las experiencias
en que uno fue capaz de improvisar?”. “Sí, maestro –le digo–, se llama
confianza”. “Ahora entiendo –dice él–, eso es lo que me permite volver a bailar
cada vez, con la convicción de que voy a saber qué hacer aunque no lo haya
preparado”.
La reflexión es que solo a
través de la experiencia repetida de la improvisación se logra construir la
confianza en la propia aptitud creadora. La paradoja es que únicamente desde la
confianza en sí mismo se puede ser creativo. Esta aparente contradicción se
resuelve generando tiempos y espacios para entrenar la capacidad de improvisar.
En la propia vida, en los lugares de trabajo, en la experimentación sin
pretensión de resultados inmediatos.
Esta es la función que cumplen
ciertos talleres de arte, ciertos espacios terapéuticos, los talleres para pensar en red, que generan esta calidad
particular de experiencia. Curiosamente es en esos espacios dónde los rasgos
lineales quedan en evidencia con trazo grueso.
En un marco diseñado a medida
para dejar en suspenso el estado de alerta y las defensas, se destacan
fácilmente las dificultades, los bloqueos, los nudos y las cristalizaciones de
la personalidad.
Como el acuerdo básico de ese
marco es que ninguna nueva idea será juzgada ni evaluada, cada uno se reconoce
en sus clichés, actitudes repetitivas, limitaciones y potencialidades. Lo
notable bajo esas condiciones se produce una transformación y expansión de la
personalidad.
En esos espacios de libertad,
se exploran los recursos y se construyen instrumentos para desarrollar al
artista interior.
Esta libertad creativa aparece
como un nuevo y potente recurso generador de confianza y proyectos innovadores.
Pero ¿cómo se aprende a ser
creativo? Metafóricamente, podemos decir que el aprendizaje se puede registrar
de dos modos complementarios: la incorporación de contenidos que se archivan en
la memoria en forma de imágenes e ideas, y la experiencia original
protagonizada por el Ser total, que se organiza como parte de la persona. En el
funcionamiento lineal, la tendencia es a archivar contenidos. En el modo de red,
donde opera la improvisación, se promueve la transformación del Ser.
Sin embargo, si la capacidad
de improvisar está bloqueada, por falta de confianza o de entrenamiento, se
intenta aprender de memoria el manual de instrucciones.
De este modo, ante cada
desafío, el recurso será el repaso de los contenidos que se conocen de
antemano.
Como este método resulta
siempre insuficiente, la persona intenta desesperadamente adquirir mayor
variedad de respuestas predeterminadas.
Construye así un extenso
muestrario de actitudes y conductas para toda ocasión, y, si tiene un archivo
lo suficientemente amplio, y además ha sido dotada de buena memoria, podrá
aparentar ser una persona creativa.
Pero repetir las consignas del
manual no genera crecimiento, sino que solo refuerza lo ya sabido. Lo atractivo
de la improvisación es que deja una calidad particular de experiencia que hace
crecer y evolucionar, forjando al verdadero experto.
Exponerse a aprender algo
nuevo, someterse al azar, desviarse del terreno conocido brindan al Ser nuevas
oportunidades. La exploración de actividades sin conocimientos ni preconceptos
permite vivir experiencias que ponen en juego nuevas aptitudes, facilitando la
conexión entre lo intelectual, la destreza física y las emociones.
Cuando el individuo comienza a
probar esta modalidad sin
recetas
en una
actividad en particular, se sorprenderá con la emergencia de ocurrencias sobre
otros temas: un modo original de encarar su trabajo, una idea ingeniosa para
resolver un viejo problema, un deseo largamente postergado, la salida de una
tormenta afectiva.
LOS
CANALES DEL IMPULSO CREATIVO
El impulso creativo fluye como
una corriente y se irá encontrando con diferentes canales de expresión, pero
también con numerosos obstáculos. Los temores, prejuicios y experiencias
negativas oprimen las conexiones de la red, reducen el fluir de la creatividad
e impiden el surgimiento de nuevas ideas.
Cuando nuestros canales de
expresión creativa están estrechados, lo percibimos como una sensación angustiosa. Esto no tiene nada de extraño si recordamos que las palabras
“angosto” y “angustia” tienen el mismo origen.
En otros casos, la creatividad
solo fluye en ciertos espacios y situaciones permitidos, pero nos resulta
difícil activarla en las tareas obligatorias.
Este es el caso de las
personas que desarrollan una actividad creativa en paralelo con su vida laboral, y esos dos mundos
nunca entran en contacto. Las consecuencias suelen ser el aburrimiento y la pérdida de compromiso con el
trabajo
, que
se siente como una prisión. Y la impaciencia por llegar al fin de semana y a
las vacaciones como únicas fuentes de entusiasmo y placer.
Otras personas padecen una clausura total de sus canales creativos; la vía
de expresión de las ideas y ocurrencias está cerrada en todos los ámbitos. La red
se endurece y aparecen el acartonamiento en la actitud, la tensión en el trato,
la pérdida de
la espontaneidad
.
El resultado suele ser el estrés y
las enfermedades psicosomáticas.
En otros casos se produce el repliegue de la creatividad, que se
desgasta en elucubraciones sin salida y ensueños diurnos. En este tipo de
introversión se pierde
la conexión con la realidad
y la posibilidad de concretar realizaciones. La persona se siente
frustrada.
En algunos, la corriente
creativa es muy caudalosa y se desborda, pudiendo causar caos y desorganización. Esto lleva al malestar
en la vida cotidiana, a la dificultad para sentirse comprendido, a la
imposibilidad de construir proyectos viables.
Pero más allá de los posibles
obstáculos y potencialidades, en cada persona el caudal creativo puede ser
utilizado productivamente para ensanchar su vida, o drenarse en una descarga
estéril.
LA
 DIFERENCIA ENTRE EXPANSIÓN Y
EVASIÓN,
PASIÓN Y VICIO
Presionados por el trabajo
productivo, la exigencia de rendimiento y eficacia, la búsqueda del éxito,
sentimos que nuestra vida es difícil de sostener, y a veces nos acompañan
sentimientos de frustración y falta de libertad.
En un intento por recuperar el
entusiasmo y como una tregua en la lucha por la vida, buscamos el juego, el
deporte, los hobbies, los viajes, crear grupos que
comparten afinidades, desarrollar intereses artísticos o sumergirnos en el
fluir de la vida cultural.
Estas actividades no solamente
nos distraen y nos relajan, sino que, si fluimos en red, nutren nuestro
pensamiento, creatividad y sabiduría, y nos permiten desplegar una personalidad
más interesante, extrapolar conocimientos de un área a otra y ser mejores también
en nuestro desempeño laboral.
Son experiencias variadas y
estimulantes, y suelen estar cargadas de sentimientos de plenitud, orgullo y
exaltación.
En esa forma adulta de jugar,
la mente, las emociones y el cuerpo se entraman en una experiencia que tiene un
lugar y un tiempo, con un estado mental laxo y libre de defensas. No nos
sentimos amenazados ni perseguidos, la imaginación y la realidad confluyen, y
la red se realimenta.
Pero otras veces, las zonas
rígidas y los aspectos fragmentados de nuestra personalidad no nos permiten
ampliar nuestro mundo con actividades creativas, sino que solo nos dejan evadirnos a través de acciones
impulsivas, a veces hasta secretas, que nos avergüenzan, vacían nuestra vida de
energía y mutilan nuestra red.
Entre estas actividades
podemos considerar los atracones de comida, las compras compulsivas, los juegos
de azar, la necesidad de tomar alcohol todos los días después del trabajo (o
durante), el uso indiscriminado de tranquilizantes y comprimidos para dormir,
el consumo sistemático de pornografía en Internet, las horas ante el televisor
sin importar el contenido de lo que vemos. También, las relaciones afectivas
tortuosas y enfermizas.
Estos actos de evasión suelen
ser repetitivos y monótonos, y una vez consumados, nos generan rabia contra
nosotros mismos, nos hacen perder tiempo y dinero, y nos averguenzan.
Nos encontramos fragmentados,
desconcertados y asustados por estas acciones que se vuelven cada vez más
impulsivas e inmanejables.
Este es un modo de huir de la
realidad, con actividades aparentemente recreativas, pero de calidad inferior a
la actividad creativa, ya que no dejan aprendizaje ni crecimiento personal. Las
actividades impulsivas son solo maneras de deshacerse en forma improductiva de nuestro
excedente de energía.
Así como en la expansión se
gana potencia y esta circula hacia otras áreas, en la evasión, en cambio, la
energía se consume y esas actividades quedan aisladas del resto de nuestras
experiencias.
Lo notable es que muchas
personas que cuentan con una gran energía y potencial creativo no reconocen
esta necesidad ni saben encontrar canales adecuados de expresión, y por eso
padecen de estas conductas y hasta pueden terminar destruyendo sus propios
proyectos.
ADUEÑARSE
DE LA CREATIVIDAD
“En
un rincón de nosotros, adultos, vive el piloto solitario, el explorador
de
África, el navegante de mares desconocidos. En algún lugar
nos
habita el aventurero intrépido. En algún lugar nos habita un ser
alegre
que en algún momento supo descubrir maravillas por doquier.
Hoy
hemos escarmentado, se nos han puesto límites, pero si tenemos
suerte
volvemos a sentir de vez en cuando el contacto con
aquel
sentido de lo maravilloso”.
Judith
Viorst
El
precio de la vida
A veces, una idea creativa nos
sorprende y sentimos la magia de la revelación. Pero nuestro Ser creativo y las
exigencias de la vida no siempre se llevan bien, y en el peor de los casos, esa
situación nos conduce a dos extremos igualmente dramáticos. Por un lado, a
encerrar, reprimir, acallar, a veces casi asesinar el Ser creativo para
adaptarnos, o por el otro, a darle plena expresión, al costo de transformar la
propia vida en un caos sacudido por estampidas de creatividad, alternando con los
pozos angustiosos de su ausencia.
En los talleres para pensar en
red trabajamos para reconocer
nuestra creatividad, no como
algo mágico y aterrador ligado a la inasible inspiración que nos desestabiliza
cuando aparece y nos ensombrece cuando nos abandona, sino como un recurso que
está siempre a nuestra disposición. El ejercicio de la creatividad no tiene por
qué llevarnos a la miseria ni a la locura: debe permitirnos el bienestar, la
alegría y también los logros.
COMO
UN CHICO QUE JUEGA
“La
creación de algo nuevo no se logra con el intelecto, sino por el
instinto
lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente
creativa
juega con los objetos que ama”.
Carl
Jung
Cuando a alguien se le
pregunta sobre su capacidad de jugar, suele respondernos en relación con un
juego reglado y competitivo o una actividad deportiva, y no con una experiencia
ligada con la creatividad.
Por supuesto que en el tenis,
el golf o el ajedrez opera la creatividad, aunque encorsetada en una serie de
códigos prefijados. Y muchas veces la estrategia supera al placer y la
rivalidad a la diversión.
Es por eso que las
experiencias en esas áreas raramente son trasladables a la vida y a la
actividad laboral. El entrenamiento específico de cada juego o deporte termina
sirviendo principalmente para desarrollar esa actividad en particular y para
cultivar círculos sociales.
Sólo en el momento en que se
puede jugar libremente con las ideas, las cosas y las personas, la creatividad
se despliega. Si la gente no puede jugar, se resigna y se aburre. O crea
problemas, molestando el juego de los otros.
Como el chico que juega, el
creativo utiliza todo lo que tiene a mano y lo transforma. Nada se salva de su
pasión por imaginar, probar, combinar, experimentar. Lo vemos haciendo un
boceto en un papel cualquiera, armando una maqueta improvisada con los vasos y
cubiertos en la mesa de un restaurante, dibujando con una ramita en la arena. Y
aunque a veces parece distraído, intuye, imagina, ensaya. El mundo es para él
un gran prototipo que permanentemente rediseña, reinventa y pone a prueba.
LA
AGENDA DEL CREATIVO, UN APORTE VITAL
Los grandes creadores,
inventores e investigadores de la historia tuvieron el hábito de explorarse a
sí mismos a la vez que exploraban la realidad.
Thomas Edison, Benjamin
Franklin, Leonardo da Vinci, Charles
Darwin y muchos otros han sido
tan curiosos del mundo que los rodeaba como del modo en que trabajaba su propia
mente. Y todos ellos utilizaron  la
herramienta de escribir sus pensamientos como forma de liberar su mente y a la
vez capturar los flashes de lucidez. Se
cuenta que Beethoven llevaba una libreta pentagramada colgada del cuello, para anotar
las melodías que se le iban ocurriendo.
Cada uno de nosotros necesita
también alguna forma de reflexión y registro cotidiano, cualquiera sea la
herramienta que elijamos.
Es interesante tener un
anotador, un archivo en la computadora, algo así como una agenda del creativo, en donde las ideas puedan
ser volcadas sin censura, en asociación libre, más allá de la lógica, el
significado, o aun el sentido común. La escritura es una herramienta
privilegiada, ya que es el modo en el que los seres humanos nos hacemos dueños
de nuestros pensamientos.
La agenda del creativo permite
la expresión de las emociones, la aparición de recuerdos, las contradicciones y
extravagancias. Es la otra cara de la agenda lineal, aquella que registra
compromisos, acciones y obligaciones; difícilmente nuestro ser creativo logre
asomar la cabeza entre los renglones y recuadros de una agenda formal y
estructurada.
El uso de la agenda del creativo
como un espacio transportable es una pequeña rutina que se transforma en un
ritual productivo, ya que orienta a la exploración sistemática de la
creatividad.
Cuando comenzamos a trabajar
con esta herramienta, solemos encontrar mezcladas listas de obligaciones por
cumplir, pequeñas obsesiones, frases hechas y, cada tanto, alguna ocurrencia
“loca” que descartamos por absurda.
Pero también aparecen viejos
deseos incumplidos, el recuerdo de alguna actividad placentera a la que
renunciamos sin saber por qué, la reconexión con pequeñas habilidades o
talentos que habíamos perdido.
Este entrenamiento sirve
también para drenar las ideas parásitas, abrir los canales de comunicación con
uno mismo, desactivar la censura, resaltar fantasías y potencialidades que se
hallan veladas por las inhibiciones.
Poco a poco, la inundación
tóxica de ideas se limpia, la trama mental se vuelve más flexible, ágil y
conectada. Las listas de obligaciones se trasladan a la agenda lineal, y la agenda alternativa pasa a ser el soporte material
del Pensamiento en Red.
Claro que, ante cada
conflicto, situación aparentemente sin salida, momentos de desaliento, la red
tiende nuevamente a cerrarse y endurecerse, y se requiere retomar el proceso de
limpieza. Pero cada vez nos hacemos más expertos en diagnosticar el estado de
nuestra red y ahora contamos con recursos para liberarla.
Con el tiempo, aprendemos a
releer páginas que hemos escrito uno, dos o seis meses antes, y allí llega un
nuevo nivel de lucidez. Registramos cuán monotemáticos podemos ser con algunas
cuestiones que no nos decidimos a resolver. Encontramos esa solución que ya
estaba esbozada y que ahora emerge con total claridad. Y lo más revelador: en
las páginas del pasado aparecen problemas aparentemente insolubles en los
cuales hemos dejado de pensar, y nos damos cuenta de que han desaparecido, y
hasta nos parece increíble que hubieran existido alguna vez.
Esto sucede porque la agenda
del creativo no es un depósito donde acumular linealmente obligaciones y luego
tacharlas en la medida en que nos las vamos quitando de encima (o en la medida
en que nos resignamos a no poder enfrentarlas), sino que es un espacio de gran
actividad, donde problemas y soluciones se conectan “por su cuenta” de maneras
inéditas y originales.
Al volcarlas por escrito, no
solo limpiamos nuestra mente de preocupaciones, sino que los distintos
conflictos “trabajan” entre sí circulando por nuestras ideas y creando sus
propias soluciones.

En otras palabras, la agenda
del creativo no es un cuaderno de buenas intenciones, sino que es, en sí misma,
un agente de cambio y expansión de la mente y de la vida.
Capítulo 15, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi
Por | 2016-05-16T17:59:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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