LA TENDENCIA A LA INERCIA

La tendencia a la inercia es una forma de parálisis que toma la
apariencia de la estabilidad. Se caracteriza por la instalación en una
zona de confort, y también por la postergación y las renuncias. Hay una
profunda confusión entre los valores tradicionales y la misión de la
organización por un lado, y ciertos clichés desvencijados y anacrónicos,
por el otro.
A su vez, cada una de las limitaciones arrastra una
secuela de renuncias o prohibiciones afines, generando la típica
renuncia “en cadena”, en donde se pierde el sentido de lo que se hace o
se deja de hacer, sin que nadie recuerde la razón. La Red se agota en un
laberinto estéril y sin salida.
La tendencia a la inercia a
veces toma la forma de una alarma que suena tarde, que se produce cuando
una experiencia negativa deja un estado de alerta para los nuevos
intentos. Esto tiene un aspecto positivo de cautela, pero también un
aspecto negativo de inhibición: vivir preparándonos para algo que ya
sucedió.
Imaginemos esto dentro de una empresa en la que un
proveedor cometió una estafa. El hecho traumático opera como un corte en
la Red y genera un exacerbado temor de que se vuelva a repetir.
“El que se quemó con leche… cuando ve la vaca, llora”, dice el refrán.
Claro que el corte en la Red, como un agujero negro, se “traga”
cualquier elemento que pueda recordarle la “quemadura”. Y llorará cuando
vea la vaca, el campo, los girasoles o un cinturón de cuero. La Red se
va seccionando y la persona queda cada vez más aislada.
La
convicción que predomina es que hay que prepararse para que esto no
vuelva a suceder. Pero lo absurdo es que las medidas que se toman son
las que no se tomaron en su momento. Casi como un intento de regresar el
tiempo atrás para que no suceda lo que ya sucedió: la expectativa
absurda de que aquel proveedor deshonesto “desestafe” a la empresa. Y
con ese argumento se genera un nuevo corte castigando con la
desconfianza a los que no tuvieron nada que ver con el hecho traumático.

Otro de los mecanismos que nutren la inercia es el dolor por lo
perdido, que lleva a la resistencia a aceptar un cambio que llega
después de mucha frustración, ya que activa el resentimiento por no
haberlo recibido antes. Aquí también, un corte que se produjo en el
pasado impide evaluar libremente el presente y el futuro.

Pensemos en aquella persona que después de muchos años consigue un
ascenso en su trabajo, mostrando una capacidad que antes no había
demostrado, o es reconocido finalmente por un nuevo jefe. Sin embargo,
se cuestiona su carencia de audacia y libertad en el pasado para
demostrar sus condiciones. Y cuando llega el cambio, es tanto el dolor
por lo perdido, que lo rechaza o lo sabotea.
O el que propuso una
idea brillante e innovadora en un momento en que los otros no estaban
preparados para entenderla. Cuando un par de años después se decide
llevarla adelante, el iniciador se resiente y se opone.
Dentro de
la tendencia a la inercia debemos incluir también el dogmatismo, que
proviene de que importe más quién dijo algo que saber si eso es cierto,
tiene sentido o conviene a la organización. El criterio de autoridad
predomina sobre el juicio de realidad. La Red se transforma en riendas
que sujetan y dirigen las ideas de todos en una dirección única y
lineal.
Libro: “Pensamiento en Red”
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• KoboBooks: http://www.kobobooks.com/…/book-hx6RQDb6lEiH1VFh…/page1.html

Por | 2015-02-18T18:44:00+00:00 18/02/2015|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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