La ecología de la red

La
creatividad no es una aptitud más, es la esencia misma de la vida.
No
es un lujo sino una necesidad emocional, física e intelectual.
EL
TALENTO Y LA LOCURA
Con frecuencia, escuchamos
historias acerca de personas muy talentosas que sufrieron de diferentes formas
de locura, casi como si la creatividad y el sufrimiento mental estuvieran
fatalmente relacionados. Esto nos asusta, y no quisiéramos activar ese poder
diabólico en nosotros mismos y menos aún en nuestros hijos.
El talento tiene un fuerte
componente innato y, en general, comienza a expresarse muy tempranamente, a
veces en forma directa y evidente, y otras a través de conductas anormales o
hasta de aparentes deficiencias.
Los niños particularmente
talentosos se encuentran en la situación del heredero de un gran capital, aún
sin recursos emocionales para saber administrarlo.
Estos niños requieren de sus
padres y maestros ciertos cuidados especiales que puedan favorecer el
desarrollo del talento junto con la maduración de la personalidad total. Los
modelos de crianza y educación deberán brindarle las condiciones adecuadas para
crecer sin angustiarse ni desorganizarse, creando un equilibrio dinámico entre
contención y libertad, límites y espacio. En caso contrario, su salud mental
estará en peligro.
Aquí la calidad del ambiente y
más adelante, las oportunidades y el azar juegan un rol clave en el desarrollo
del talento así como en el destino de la persona. Músicos precoces y
deportistas sobresalientes son ejemplos conocidos de estas alternativas.
Algunos caen en manos de maestros o entrenadores poco éticos o poco preparados
en el plano emocional, que no saben resistir la tentación de explotar a la
persona para saquear la veta del talento, a veces con la colaboración
imprudente de la familia.
Lo interesante es que esto
mismo ocurre con el Ser creativo, el artista en potencia que también forma
parte de cada uno de nosotros.
CÓMO
RESPETAR EL PROGRAMA ORIGINAL
“La
educación del futuro se ve confrontada a este problema
universal,
ya que existe una inadecuación cada vez más amplia,
profunda
y grave entre, por un lado, nuestros saberes desarticulados,
parcelados
y compartimentados y, por el otro, las realidades o
problemas
cada vez más polidisciplinarios, transversales,
multidimensionales,
transnacionales, globales, planetarios…”.
Edgar
Morin
Los
siete saberes necesarios para la educación del futuro
Los adultos con los que
trabajo se preguntan y me preguntan si todos tenemos Pensamiento en red, y si
es así, cuáles fueron las causas de que se volviera lineal. Algunos se lamentan
de no haber tenido acceso mucho antes a esta forma de pensar.
También me preguntan si no
sería bueno que en las escuelas se enseñara a pensar en red; o que, por lo
menos, no se reprimiera el acceso de los alumnos a su conocimiento y
aplicación.
La realidad es que los niños
han sido desde siempre intuitivos y creativos y poseen naturalmente una
percepción y un pensamiento conectivo, pero además, un niño del siglo XXI es un
navegador nato de  redes.
¿Qué hace que los niños de hoy
sean particularmente expertos en  redes?
La gran afinidad entre el estilo de los procesos mentales de la infancia y el
modo en el que se presenta la realidad actual.
Los sistemas educativos siguen
siendo en gran parte lineales, legado de tiempos de fronteras y estructuras
cerradas. Desde este modelo uniformizante, se aspira a brindar iguales
oportunidades y también a la estandarización del conocimiento para hacerlo
mensurable. La desventaja es que se podan las redes mentales originales de cada
uno y también ciertas redes informales que se generan entre los chicos. La educación
lineal tenía sentido en un mundo de fronteras, pero este modelo mental ya no es
acorde con el mundo actual, global e hiperconectado .
Claro que a partir de aceptar
al niño en red se redimensiona la autoridad de los adultos, que ya no lo saben
todo, y el papel del maestro, que pasaría de administrar el saber a gestionar
el desconocimiento y la incertidumbre.
Desde este enfoque, la materia
prima del aprendizaje ya no serían los conocimientos del maestro sino la mente
del niño.
Reconocer el derecho de los
chicos a ser parte y generadores de redes es permitirles una vía natural de
empatía con los otros, de cuidado del ambiente, de preservar y desarrollar
valores como la curiosidad, el altruismo y la confianza. No hace falta aclarar
que un chico en red no es un niño salvaje e incivilizado, sino que es
esencialmente responsable y ético, por la afinidad y el compromiso que percibe
y sostiene con su entorno.
Formar mentes en red significa
respetar y cultivar los vínculos espontáneos, generando un estado de entusiasmo
y alegría por sentirse parte de la red y contenidos por ella. Y, si bien la
tecnología es hoy un soporte importante de esta experiencia, lo esencial es la
disponibilidad a conectarse “en vivo” o por cualquier medio disponible.
EL
SECRETO DEL ARTISTA
“Existe
una vitalidad, una fuerza de vida, una energía,
una
aceleración que pasa a través de ti en la acción, y dado que existe
solamente
una expresión de ti mismo en cada momento, esta expresión
es
única. Y si tú la obstaculizas, nunca llegará a manifestarse a
través
de ningún otro medio y se perderá”.
Martha
Graham
El artista se siente creador y
dueño del mundo, y circula por él sin ataduras, aun si, en algunos casos, ni
siquiera se movió del pueblo donde nació. Por eso se los suele llamar bohemios,
lo que quiere decir lo mismo que gitanos, ya que la región de Bohemia, en
Europa Central, es la tierra de origen de los gitanos.
Un artista no conoce
fronteras, maneja códigos que pueden ser comprendidos por gente de diferentes
partes del mundo, atravesando las barreras del lenguaje, de la diversidad
cultural, de la geografía, y aun de la historia: basta con ver la actualidad de
los grandes artistas de todos los tiempos.
¿Qué pasa cuando un empresario
o un profesional descubren en ellos el secreto del artista? Todo su talento
creativo se despliega, su espíritu innovador no tiene límites, y capitaliza una
fuente inagotable de aptitudes conectadas hacia los otros, más allá de su
capacitación especializada y de las jerarquías. Como el artista, se transforma
en alguien capaz de relacionar todas las cosas entre sí.
Por eso, el creativo sólo
sobrevive en condiciones en que puede generar y navegar la red, su hábitat
natural. Percibe la red y se percibe como parte de ella, brindándose como un
ámbito por donde fluyen lo interno y lo externo en ambas direcciones.
EL
ESPACIO CREATIVO
A veces soñamos con la
tranquilidad absoluta de un espacio o tiempo sabático para poder crear. Octavio,
un escritor talentoso se sentía desamparado por la falta de medios para
subsistir y agobiado por su trabajo cotidiano como empleado público.
Finalmente, logró su sueño: fue becado por un gobierno extranjero para
dedicarse por un año a escribir. Le dieron casa y comida en un lugar aislado de
estímulos. No pudo escribir ni una línea.
Esto lo saben todos los autores
populares que escriben en los bares y cafés, ya que necesitan del murmullo de
la vida cotidiana para crear. Y más aún debiera tenerlo en cuenta el
emprendedor o empresario.
De nada le sirve aislarse del
mundo, que es su fuente principal de inspiración y su campo de acción.
El lugar para crear no se
encuentra ni en la realidad exterior ni en el interior de la cabeza, sino en un
espacio intermedio. A su vez, necesita de un movimiento de cierre y apertura,
que tiene un ritmo propio para cada uno, con momentos de replegamiento y otros
de expansión. Se trata de una danza que hace jugar tres espacios entre sí:
interior, intermedio, exterior.
Y es como si estos tres
espacios se correspondieran con tres estados materiales de una idea. En el
interior de la mente, las ideas son sueños, fantasías, casi delirios. Se hallan
en estado brumoso. Al compartirlas se conectan con las ideas, imágenes y
palabras de otros, y comienzan a tomar forma. En ese espacio intermedio las
ideas se hallan en estado fluido.
Finalmente, en el mundo de las
cosas, los pensamientos se plasman, se vuelven sólidos y consistentes.
Por eso, si solo nos
refugiamos en la mente, corremos el riesgo de construir proyectos
impracticables. Y si nos lanzamos a la acción en forma lineal, las ideas se
consolidan demasiado pronto y carecen de vuelo y originalidad.
Cuando nos disponemos a crear
en el espacio
intermedio
,
se va tejiendo una trama que incorpora nuestras ideas, a la vez que recoge y
procesa los datos del entorno, dando lugar a una creatividad productiva.
LOS
TIEMPOS PARA CREAR
A veces nos encontramos
irritables, todo nos molesta: las voces, la gente, el celular. Si evaluamos
nuestra actividad a lo largo de una semana, comprobamos que casi no hemos
tenido momentos de soledad.
Sin embargo, los tiempos en
soledad también son necesarios para crear, sin aislarse ni aturdirse en la
acción. Por eso es importante disponer de períodos de tiempo más largos y
elásticos, ya que los estímulos e interrupciones fragmentan la experiencia y
desactivan el Pensamiento
en Red
,
dejando una cantidad de retazos inutilizables de vivencias, que ocupan espacio
mental e intoxican.
Todo proceso creativo se
desarrolla en tres tiempos, cuya extensión dependerá de cada persona, de su
situación y de su entrenamiento.
El primer tiempo es el de la
resistencia: intentar no hacer, huir del compromiso, postergar. Allí aparece la
ansiedad.
El segundo tiempo es el de la
exigencia, el intento de hacerlo desde el voluntarismo, desde lo lineal. Si nos
conformamos con eso, los resultados son correctos pero pobres.
En el tercer tiempo llegará la
inspiración. Se abandonan los caminos conocidos, aparece la asociación libre de
ideas, se desactiva el juicio, nos exponemos al azar. Este es el momento en que
aparece la creatividad.
COMO
UN ATLETA
El Ser creativo debe ser
protegido porque es entusiasta, confiado, audaz y sensible.
El estrés, la falta de sueño,
la falta de tiempos libres no dejan percibir ni recorrer la red. La desconexión
del cuerpo y las emociones genera un funcionamiento operatorio e instrumental
que sirve solo para resolver cosas concretas.
A veces es necesario suspender
el exceso de estímulos, decretar períodos en los que privarse de la televisión,
los diarios, los llamados telefónicos.
También aprender a percibir lo
que nos altera y lo que nos inspira, las personas que nos alientan y las que
nos inhiben.
Cuando pensamos en red, en
atención flotante, creamos una atmósfera o microclima propio que no nos aísla
como una coraza rígida e impermeable, pero tampoco nos expone a la invasión de
estímulos.
En ese entorno “oxigenado” funciona
mejor el intercambio entre el adentro y el afuera, terreno fértil para las propias
ideas y el encuentro con las oportunidades.


ENTRE
LA INMEDIATEZ Y LA ETERNIDAD: LAS
GRANDES
CUESTIONES DE LA VIDA
“¿Por
qué habríamos de usar nuestro poder creativo…?
Porque
no hay otra cosa que haga a la gente más feliz,
generosa,
vivaz, compasiva y audaz, más indiferente al ocio y a la acumulación de
objetos.”
Brenda Ueland
Hasta el más pequeño acto
creativo nos enfrenta con los grandes temas de la humanidad. La finitud y la
trascendencia, la inmediatez y la eternidad.
¿Y cómo vivenciamos esto?
Imaginen que estamos componiendo un poema, haciendo un dibujo o inventando un
nuevo proyecto. Nos sentimos eufóricos, apasionados, comprometidos. Ponemos
toda nuestra energía para lograrlo. Nos domina la urgencia de hacerlo ya, tanta
que a veces nos puede quitar el sueño y llevarnos a descuidar otros intereses,
como si mañana fuese demasiado tarde, como si temiéramos que al día siguiente ya
no fuéramos a estar aquí para poder concretarlo.
Pero a la vez nos sentimos
invulnerables, con una fe formidable en nuestra idea, sumergidos en un proyecto
que creemos que puede cambiar la realidad.
Por eso cada vez que creamos
algo nuevo, lo hacemos con la desesperada urgencia del que cree que puede morir
al día siguiente y con la serena certeza de trascender.
LA
COLABORACIÓN CREATIVA
Trabajar en red no es la
imposición de una visión única, sino la construcción de sueños compartidos. Sin
este compromiso, gran parte de la energía creativa se agota en fuerzas de
resistencia a un proyecto que nadie siente como propio.
La red genera la confianza
necesaria para sostener una visión compartida y desplegar una misión común;
todos los recursos humanos confluyen y la pasión acompaña. Así, cada uno se
relaciona con el proyecto desde la afinidad, la pertenencia y el sentimiento de
propiedad.
A diferencia del sistema
jerárquico, todos se sienten parte y dueños. Y si cuando funcionamos en red nos
sentimos parte del universo, ¿por qué no sentirnos parte de una organización
incluso si estamos en una oficina de la filial más alejada de la casa central?
W. Chan Kim, creador de la
“teoría de los dos océanos”, afirma que en el mundo de los negocios la mayoría
de la gente cree que la creatividad es solo una fuerza que está detrás de la
innovación, pero que es demasiado inestable e incierta como para considerarla
en el plano de la estrategia. Y concluye que solo las empresas que consideran a
la creatividad como base fundamental de su estrategia son capaces de armar
equipos creativos.
TRABAJANDO
EN UN PROYECTO CREATIVO
A medida que un proyecto
avanza y se define, tiende a hacerse cada vez más lineal. Muchas ideas son descartadas
porque implican revisar, y a veces modificar, cuestiones ya decididas y
aceptadas. Se instala así una forma de inercia que impide ver las fallas y
puede llevar al fracaso. Al mantenerse en red, el proceso sigue activo y se
pueden seguir percibiendo los ajustes necesarios o aun la transformación total
de un proyecto.
Para crecer, cada proyecto
tiene que ser reinventado cada vez, ya que todo plan en gestación necesita
oxígeno hasta último momento ¡y más aún en el momento del parto!

Es importante organizar los
recursos de un modo dinámico y vital, ya que tanto el desorden estéril como el
orden estático atentan contra la calidad del resultado.
Capítulo 16, extraído del libro: “Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos”. Dra Sonia Abadi
Por | 2016-05-16T17:58:00+00:00 16/05/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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