Estrés, con la soga al cuello – Un extracto del libro “Pensamiento en Red”

Los
períodos prolongados de funcionamiento
casi
exclusivamente lineal asfixian el pensamiento, enferman
a
las personas y hacen colapsar las redes de colaboración de los
equipos
y las organizaciones.
EL
NUDO CORREDIZO: LA ASFIXIA DE LA RED
El estado de estrés crónico, que
padecen muchísimos de los líderes y altos mandos de las organizaciones,
representa un déficit
crónico
en la calidad
de su pensamiento y un estrechamiento gradual de su visión.
Esto lleva a funcionar de manera
lineal, colapsa la Red, y destruye las condiciones para
pensar y crear. Y además, a la manera de un círculo vicioso, el funcionamiento
lineal conlleva mayor estrés.
En estos casos vemos también un
funcionamiento cerebral con predominio del hemisferio izquierdo y la
preponderancia de ondas beta, las de alta frecuencia, características del
estado de alerta.
En los estados de estrés, el cuerpo
está al límite del agotamiento, y la mente al límite de su funcionamiento. Las
emociones también están al límite. Por eso, algunos se preguntan por qué les
surgen reacciones de irritabilidad y violencia ante situaciones aparentemente
insignificantes.
Y esto no solo en la oficina, sino
también en la vida familiar y social.
ADRENALINA:
LA DROGA DEL MIEDO
Creemos que adrenalina es energía, excitación,
motivación. En realidad, la adrenalina es la
hormona de la lucha, y es por lo tanto una respuesta física ante situaciones
que producen miedo.
La percepción de un peligro genera el
envío de adrenalina al torrente sanguíneo, operando como un “saque” de
estimulantes, que permite una rápida reacción y prepara para el ataque y la
defensa.
En el estado de estrés agudo, esa adrenalina produce una
redistribución de los volúmenes sanguíneos: disminución en la piel y en los
órganos y aumento en el corazón, cerebro y músculos, a fin de aprontarlos para
la lucha. Es por eso que, a veces, sentimos las manos y los pies fríos y
calambres en el estómago, que se quedan sin suficiente irrigación.
La adrenalina está diseñada como una droga interna de emergencia, que no debe activarse en forma
permanente, ya que lleva al estrés
crónico
.
Entre otras consecuencias, su “uso”
por largos períodos produce trastornos digestivos y el llamado síndrome
metabólico, con hipertensión arterial (riesgo de infarto cardíaco y cerebral),
aumento del colesterol, acumulación de grasa en el abdomen y disminución de la
potencia sexual. También, deterioro del cerebro y déficit inmunológico.
Aparecen trastornos del sueño:
insomnio o “desmayarse de sueño” por agotamiento. No hay verdadero descanso ni
relajación durante el dormir.
También se registran trastornos en la
alimentación.
Los estudios se refieren a tres
perfiles psicológicos según el modo de reaccionar al estrés. El tipo A define a las personas competitivas,
agresivas y controladoras. Estas personas tienen mayor riesgo de infartos y
accidentes cerebrovasculares.
El tipo B corresponde
al individuo relajado, tranquilo, confiado, atento tanto al bienestar personal
como a las relaciones interpersonales, y a la expresión abierta a las
emociones, incluyendo las hostiles. Diríamos que son personas que funcionan en
Red, y son aquellos que tienen menor riesgo de enfermar física y mentalmente.
El tipo C corresponde
a personas pasivas, introvertidas, con conductas de sometimiento y bloqueo en
la expresión de las emociones. En estas personas el estrés genera una coraza
defensiva para protegerse de la inundación de estímulos, cierra la malla de la Red. Se desconectan y llevan
puesta una escafandra
virtual
, aislándose
defensivamente en una especie de autismo que los hace impermeables a los otros
y la realidad, sin conexión con sus pensamientos, sueños e ideas creativas. Son
los que “se tragan el veneno” y son propensos a las alergias, las enfermedades
respiratorias y el cáncer.
En el nivel cerebral, el exceso de
adrenalina destruye las conexiones entre las neuronas, y esto se refleja en el
pensamiento, reduciendo
la conectividad entre las ideas.
En los últimos años, un grupo de
investigadores de la
Universidad de
Yale descubrió que el estrés activa la
producción de la enzima PKC, que genera un déficit en el pensamiento, la
capacidad de planificación, el juicio y la memoria. Esta enzima genera también
impulsividad, desconexión de la realidad y alternancia entre estados de euforia
y depresión.
Estos nuevos estudios demuestran que
en situaciones de estrés se pierde la perspectiva, se toman decisiones por
miedo o desesperación, se evitan o se niegan datos perturbadores. Y aparecen
también los llamados ataques
de pánico
por
vivencias de desamparo y despersonalización.
Además, al desacelerar, la falta de
adrenalina genera sentimientos de agotamiento, vacío y depresión. Y para
mantener un alto rendimiento, se comienzan a usar otro tipo de estimulantes:
comer y beber en exceso, consumir tabaco, psicofármacos, y en algunos casos
drogas, practicar deportes de riesgo o juegos de azar. Cualquier estímulo que
sirva para activar o reemplazar la producción de adrenalina.
El Pensamiento en Red colapsa y aparece el pensamiento operatorio, una actividad mental que resuelve cuestiones prácticas, pero no
sirve para generar profundidad y riqueza en las ideas.
Los doctores Pierre Marty y Michel de
M’Uzan, creadores del concepto de pensamiento operatorio, afirman que este
funcionamiento es característico de algunas personas con un déficit emocional
severo, pero que existen también formas de pensamiento operatorio, carente de Red, en personas sanas expuestas a
elevadas exigencias. Ocurren por una presión externa y presente, ya que el
individuo, condenado a recurrir casi exclusivamente a una modalidad de
funcionamiento automático, pierde la capacidad de procesar, de fantasear y de
cualquier expresión creativa y liberadora.
LA
ADICCIÓN A LA ADRENALINA
Si preguntamos a un director de una
organización si estaría dispuesto a autorizar a sus gerentes a consumir varias
dosis diarias de cocaína para mejorar su rendimiento, se mostraría
escandalizado. Sin embargo, no parece inquietarse de ver a su gente trabajando
cotidianamente bajo los efectos igualmente nefastos de la adicción a la
adrenalina.
Cada vez que usamos estimulantes
internos o externos en vez de tejer la Red, esta se va reduciendo, con lo cual
cada vez hacen falta más estímulos para funcionar, con la amenaza permanente
(que puede llegar a ser real) de un derrumbe físico o mental. Y finalmente nos
volvemos adictos a los estímulos.
Adrenalina o estimulantes externos, el
resultado es que el individuo terminará demasiado tenso o acelerado, “duro”. El
problema es que si recurre a tranquilizantes, estos disminuirán su agilidad
mental y su capacidad de reacción ante nuevos estímulos.
Imaginemos ahora que me llaman para
decirme que se produjo un robo en mi oficina, y luego se comprueba que nada
grave sucedió. En el caso de una falsa alarma, la adrenalina que ya entró en
circulación tardará varias horas en metabolizarse y eliminarse. Esto produce un
período prolongado de ansiedad y excitación que concluye en un estado de gran
agotamiento.
Recordemos que los infartos cardíacos
de los ejecutivos se producen típicamente en las vacaciones, cuando la falta relativa
de actividad no permite metabolizar la adrenalina circulante y su exceso
resulta tóxico para el músculo cardíaco (miocardio).
A su vez, no solo el organismo sino
una organización pueden hacerse adictos a la adrenalina, y solo ser capaces de reaccionar ante la emergencia.
Cuando les falta, se sienten
deprimidos y desganados, sin ilusión ni expectativas.
La tragedia que se desencadena
finalmente es que los miembros de un equipo comienzan a generar emergencias artificiales, para sentir la excitación y la
euforia que les produce la adrenalina.
Ya no saben trabajar en paz. Generan
crisis y conflictos, y viven en estado de tensión permanente. En ese clima, la
creatividad es aniquilada, la
Red se fragmenta
. Y
debido al agotamiento físico y mental, la gente termina el día destruida.
La calidad de su trabajo se resiente,
pero también su vida familiar y social, y su salud física y mental. Ya no
tienen resto para capacitarse profesionalmente y menos aún para el desarrollo
personal.
SÍNDROME
DE ABSTINENCIA Y VACÍO EMOCIONAL
Con el tiempo, aparece lo que en el
uso de drogas se llama fenómeno
de tolerancia:
para
lograr el mismo efecto, se necesita cada vez una dosis mayor.
A pesar de que el esfuerzo de estar
todo el día corriendo detrás de nuestros objetivos es agotador, muchas veces,
cuando nos detenemos para descansar, para tomarnos unas vacaciones, o incluso
durante el fin de semana, nos sentimos peor. ¿Por qué? Porque, con el impacto
de la desaceleración, descubrimos que nuestro equilibrio sólo se sostiene al estar
en movimiento.
Cuando el estado de alarma se instala
de modo permanente, se establece un cuadro característico, con variadas
consecuencias. El organismo, y lo mismo vale para una organización, se
deteriora gradualmente al funcionar en forma lineal la mayor parte del tiempo.
La creatividad agoniza y, a la larga, la capacidad de reacción también, por el
agotamiento de vivir en emergencia constante.
Cuando funcionamos linealmente somos
como un país en guerra, cuya prioridad es defender sus fronteras. Todos los
recursos estarán asignados a la defensa. La salud, la educación, la cultura y
el crecimiento en general se verán empobrecidos.

Es cierto que en determinados
momentos son necesarios los valores de la guerra: la defensa y el ataque son
recursos indispensables cuando se trata de sobrevivir. Sin embargo, para el
crecimiento sostenible y la expansión hacen falta valores de tiempos de paz, la Red.

Por | 2013-03-01T16:51:00+00:00 01/03/2013|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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