Dieta, un asunto privado

Se puede hacer dieta o no hacerla. Es un privilegio tener la libertad de elegir. Qué, cómo, cuándo, dónde comer. Y con quién. Claro que están aquellos que por razones de salud -alergias, colesterol- nos piden algo especial, pero en general nos avisan antes y ya no se habla más del tema.
Desde siempre, ofrecer y compartir una comida fueron maneras de encontrarse, comunicarse, celebrar. Pero ahora un “convidado de piedra” se ha sentado a nuestra mesa: las dietas para adelgazar y su corte de adictos. Y son esos que nos privan del placer de comer (y de conversar) haciéndonos participar impúdicamente de su “sacrificio”. Que debería ser un tema íntimo y discreto. Quizá porque sienten que su voluntad flaquea y necesitan comprometer a los otros como testigos de sus promesas para tener que cumplirlas. Privaciones, traspiés y justificaciones son su menú habitual.
En cada reunión, la evidencia: siempre son los mismos los de la zanahoria, el queso light y el agua mineral; los del champagne, las cremas y la torta de chocolate.
En cada nueva fiesta una prueba curiosa: gran parte de los que están a dieta siguen igual. La mayoría de los que comen de todo también.
Por | 2017-06-28T10:41:18+00:00 24/02/2017|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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