¿Cuáles serán los líderes que crecerán en las empresas del futuro?


Hoy sabemos cada vez más que si bien a veces nos toca liderar en las crisis, no es creando conflicto que se construye sustentabilidad: habrá que aprender a liderar tanto para la guerra como para la paz, integrando en vez de fragmentar.
El líder integrado y conectivo, en cambio, sabe que nadie está totalmente capacitado para el cargo que ocupa y que, cuanto más crezca su gente, más tendrá que aprender. No cae víctima del “complejo de impostura”, porque percibe que el crecimiento de los otros es lo que lo legitima. Su confianza proviene de sentirse sostenido por su gente, que aporta sus talentos, conocimientos y creatividad. Integra en vez de fragmentar, establece comunicación y lazos. Sus actitudes y proyectos son expansivos, inspirados y de largo plazo.
También su vida se expande. Aprende algo diferente de sus habilidades técnicas. Trabaja su inteligencia, su espiritualidad, su cuerpo, sus variadas destrezas. Crece, se transforma. Revisa sus bloqueos, e intenta superar sus limitaciones y miserias. Y, si es necesario, pide ayuda.
Al contrario, los líderes lineales, cuando acceden a lugares de gran exigencia, se enferman física y emocionalmente, dañan su vida familiar, desarrollan conductas adictivas y compulsivas.
Sabemos que ante la responsabilidad del mando son necesarias muchas decisiones lineales y verticales, pero es cierto que hacen colapsar la red humana. Las personas se sienten amenazadas o humilladas y se defienden reaccionando. Además, fustigar a la gente genera adicción a los estímulos, y es interminable y agotador. Crea dependencia del sistema elogio-crítica o premio-castigo y el equipo comienza a funcionar desde el reflejo condicionado más que desde la reflexión y el compromiso: adiestramiento en vez de crecimiento.
Por eso cada vez que tenemos que atacar o defendernos ante una amenaza, necesitamos volver rápidamente a un funcionamiento conectivo y asociativo. La decisión autoritaria hace colapsar el pensamiento de cada uno y bloquea la inteligencia y la creatividad. Pero más aún, daña los vínculos entre los miembros de equipo, activando la desconfianza, el retraimiento y el egoísmo.
Superada la emergencia,  estos residuos tóxicos deberán ser registrados, procesados y reparados.
¿Fragmentados o integrados? En dónde el líder lineal ejerce la autoridad, el líder en red  practica la conectividad, cuando el líder lineal es inaccesible, el líder integrado está disponible. Y si las acciones del líder lineal activan la rivalidad, exigiendo y generando estrés, las consignas del líder en red promueven la integración, inspirando y activando la colaboración.
Ser líderes en un mundo en red es posicionarse como hubs, esos nodos atractores e integradores por donde pasan más cosas y con los que todos quieren conectarse. Así cuanto más aportamos al espacio común, más aptos resultamos para atraer talentos, clientes, proveedores, posibles aliados, generando organizaciones conectadas y conectoras, sostenibles y con potencial de expansión.

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Por | 2016-04-01T13:13:00+00:00 01/04/2016|Categorías: Pensamiento en red|Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

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