Más agua para nuestro molino II

Investigaciones que respaldan, coinciden o convergen con el Modelo de Pensamiento en Red.
A propósito de un artículo publicado en el Diario La Nación del domingo 1º de noviembre.

Cuando en momentos de incertidumbre económica o cambios estructurales en las industrias (situaciones hoy muy comunes para la mayoría de las compañías) nuestros empleos están en riesgo, sentimos que toda nuestra existencia está en riesgo.
La sugerencia de los expertos en psicología laboral es simple: no poner todos los huevos en la misma canasta y desarrollar otras identidades (madre o padre, amigo, deportista, músico, estudiante).
Varios estudios demuestran que la productividad de un empleado no es más alta cuando dedica todo su tiempo al trabajo, todo lo contrario. Cuanto más tiempo invertimos en tener una vida equilibrada, más sólidos seremos en el plano laboral.

Para leer leer la nota completa de Gabriel Foglia, click aquí

Comentario de Sonia Abadi:
El estado de estrés crónico, que padecen muchísimos de los líderes y altos mandos de las organizaciones, representa un déficit crónico en la calidad de su pensamiento y un estrechamiento gradual de su visión.
Este lleva a funcionar de manera lineal, colapsa la red, y destruye las condiciones para pensar y crear. Y además, a la manera de un círculo vicioso, el funcionamiento puramente lineal lleva a mayor estrés.
El cuerpo está al límite del agotamiento y la mente al límite de su funcionamiento.
Las emociones también están al límite. Por eso estas personas se preguntan muchas veces por qué les surgen reacciones de irritabilidad y violencia ante situaciones aparentemente insignificantes. Y esto no sólo en la oficina sino también en la vida familiar.
Creemos que adrenalina es energía, excitación, motivación. En realidad la adrenalina es reacción de alerta, por lo tanto no es otra cosa que una respuesta física ante el miedo.
La percepción de un peligro activa la producción de adrenalina, y su envío al torrente sanguíneo opera como un “saque” de estimulantes, que permite una rápida reacción ante la sensación de amenaza y prepara para el ataque y la defensa.
Esta adrenalina produce vasoconstricción periférica, al servicio de enviar más sangre al cerebro para “despertarlo” y al corazón para acelerarlo.
La adrenalina es en realidad una droga interna de emergencia, pero no se la debe activar en forma permanente. Entre otras consecuencias su “uso” por largos períodos produce trastornos digestivos y cardíacos, aumento del colesterol, acumulación de grasa en el abdomen y disminución de la potencia sexual. También deterioro del cerebro y déficit inmunológico.
Aparecen trastornos del sueño: insomnio o “desmayarse de sueño” por agotamiento. No hay verdadero descanso ni relajación durante el dormir. También se registran trastornos en la alimentación: exceso o pérdida del apetito, consumo de alcohol.
En el nivel cerebral el exceso de adrenalina, con el tiempo, destruye las conexiones entre las neuronas, y esto se refleja en el pensamiento, reduciendo la conexión entre las ideas.
Nuevos estudios demuestran que en situaciones de estrés se pierde la perspectiva, se toman decisiones por miedo o desesperación, se evitan o niegan datos perturbadores. Y aparecen también los llamados ataques de pánico por vivencias de desamparo y despersonalización.
Además al desacelerar, la falta de adrenalina genera sentimientos de agotamiento, vacío y depresión. Y, para mantener un alto rendimiento, se comienza a usar otro tipo de estimulantes: comer y beber en exceso, psicofármacos, y en algunos casos drogas, deportes de riesgo o juegos de azar. Cualquier cosa que sirva para activar o reemplazar la producción de adrenalina.
El Pensamiento en Red colapsa y aparece el pensamiento operatorio, que es una actividad mental que resuelve cuestiones prácticas, pero no sirve para generar profundidad y riqueza en las ideas.
A su vez, no sólo el organismo sino una organización, pueden hacerse adictos a la adrenalina, y sólo ser capaces de reaccionar ante la emergencia. Cuando falta la adrenalina se sienten deprimidos y desganados, sin ilusión ni expectativas.
La tragedia que se desencadena finalmente es que los miembros de un equipo comienzan a generar emergencias artificiales, para sentir la excitación y la euforia que les produce la adrenalina.
Ya no saben trabajar en paz. Generan crisis y conflictos, y viven en estado de tensión permanente. En ese clima, la creatividad es aniquilada.
Y debido al agotamiento físico y mental, la gente termina el día destruida. La calidad de su trabajo se resiente, pero también su vida familiar y social, y su salud física y mental. Ya no tienen resto para capacitarse profesionalmente, y menos aún para el desarrollo personal.
La creatividad agoniza y, a la larga, la capacidad de reacción también, por el agotamiento de vivir en permanente emergencia.
Por el contrario, el ejercicio de la creatividad en un clima de trabajo basado en la confianza genera bienestar, la respuesta de los otros incrementa la propia energía, y se termina el día menos cansado y hasta con entusiasmo extra para desarrollar otras actividades.
Esto es lo que suele suceder también con el deporte no competitivo, los juegos y los hobbies, el sexo, el baile, la música, todas actividades que generan la producción de endorfinas, las hormonas del placer.

Por | 2009-11-03T14:50:00+00:00 03/11/2009|Categorías: Pensamiento en red|Tags: , |Sin comentarios

Sobre el autor:

Médica, psicoanalista, consultora en creatividad, innovación y redes humanas.

Deje su comentario