Muchos se preguntan por qué las personas que han sufrido abusos no lo cuentan o sólo se atreven a contarlo años después. En primer lugar porque es una experiencia traumática y como todas las experiencias traumáticas genera mecanismos de defensa, tanto para protegerse del dolor como para poder seguir viviendo.

Por otra parte los traumas ligados a lo sexual involucran, además del dolor emocional, al cuerpo y el aparato genital. Y como sabemos, desde los prejuicios, la educación represiva, pero también desde el pudor natural, se suma el sentimiento de vergüenza. Si el abuso sucede tempranamente también puede existir culpabilidad relacionada con el sexo y confusión.

Agreguemos que dado que generalmente abusos y hasta violaciones son ejercidos por personas con poder sobre la víctima, se añade el miedo a hablar, exponer y acusar al abusador.

Cuando la víctima no tiene confianza en ser escuchado, por falta de empatía de las personas cercanas o por mandatos socioculturales que la someten por prejuicios o ignorancia, la experiencia traumática queda aislada de la vida real.

La persona, para protegerse, tiende inconscientemente a encapsular la experiencia y al encapsularla toda una parte de su funcionamiento cognitivo y emocional queda sustraído de su red de conexiones mentales y afectivas. Es como si parte de su ser, junto con la experiencia traumática, quedara en una especie de “corralito”, permitiéndole seguir viviendo pero con un empobrecimiento para su persona. Las inhibiciones, los miedos, la desconfianza, teñirán múltiples espacios de su vida. Es como si tuviera dentro de sí un “quiste” emocional en donde está guardado el dolor y muchas veces hasta el mismo recuerdo de la experiencia. Existen personas que a lo largo de la vida nunca vuelven a evocar ni a hablar lo que vivieron.

Sin embargo cuando el contexto se hace más confiable y continente, esa zona encapsulada se abre y el dolor comienza a drenar junto con la memoria ampliada de la experiencia vivida.

Y si el contexto sigue receptivo y la confianza en algunas personas cercanas la acompaña, la víctima podrá recuperar la necesidad, el valor, y la posibilidad de la palabra.

 

 

Dra. Sonia Abadi